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Azra Raza, oncóloga e investigadora de la Universidad de Columbia en Nueva York, ha dedicado más de cuatro décadas a una pregunta que desafía el enfoque convencional de la medicina oncológica. ¿Y si, en lugar de perseguir el cáncer hasta su última célula, fuera posible detenerlo en la primera?
La propuesta parte de una idea sencilla, aunque extraordinariamente compleja desde el punto de vista científico: detectar las primeras señales de una enfermedad antes de que aparezca un tumor visible, antes de que provoque síntomas y, sobre todo, antes de que las células malignas tengan la oportunidad de multiplicarse y extenderse por el organismo.
Durante décadas, una parte importante de la oncología se ha centrado en tratar el cáncer una vez que la enfermedad ya puede localizarse mediante pruebas de imagen o cuando ha provocado alteraciones detectables en el organismo.
Cirugía, radioterapia, quimioterapia, inmunoterapia y tratamientos dirigidos han permitido avances importantes, pero la propuesta de Raza intenta cambiar el momento en el que comienza la intervención.
Su planteamiento consiste en mirar mucho más atrás, hacia lo que ella denomina la «primera célula». El objetivo sería identificar una célula anómala cuando todavía es extremadamente pequeña y cuando, en teoría, todavía no ha tenido tiempo de formar una masa tumoral.
El proyecto, bautizado como «stentinel» —un término que fusiona las palabras inglesas stent y sentinel, es decir, stent y centinela—, combina la estructura de un pequeño tubo vascular con sensores electrónicos. La especialista propone colocarlo en una vena del brazo, donde funcionaría como centinela permanente del flujo sanguíneo.
Según explicó Raza, el dispositivo identificaría señales anómalas mediante un campo eléctrico y mediría la impedancia a larga escala.
La intención es que el sistema pueda distinguir determinadas características de las células que pasan por la sangre y detectar aquellas que puedan presentar características compatibles con células tumorales.
La idea se basa en aprovechar el propio sistema circulatorio como una especie de ventana permanente hacia el organismo. La sangre recorre prácticamente todos los tejidos del cuerpo y transporta células, moléculas y diferentes señales biológicas. Si una célula tumoral se desprende de un tejido y entra en la circulación, en teoría podría pasar por ese punto de vigilancia.
El dispositivo buscaría precisamente aprovechar ese momento.
En lugar de esperar a que un tumor alcance un tamaño suficiente para ser localizado mediante una prueba de imagen, el sistema intentaría detectar señales mucho más tempranas.
Se trata de una diferencia fundamental respecto de los métodos tradicionales de diagnóstico, porque el objetivo sería intervenir antes de que el cáncer se convierta en una enfermedad visible.

Uno de los argumentos de Raza es que muchas de las pruebas utilizadas actualmente para la detección precoz se realizan en momentos concretos. Un paciente puede someterse a una revisión médica y obtener un resultado negativo, pero eso no significa que una alteración celular no pueda aparecer posteriormente.
La propuesta del «stentinel» pretende abordar precisamente ese intervalo de tiempo.
Al permanecer colocado dentro de una vena, el dispositivo podría vigilar continuamente el paso de la sangre. Según las explicaciones difundidas sobre el proyecto, el volumen total de sangre del organismo podría atravesar el dispositivo repetidamente, permitiendo una vigilancia mucho más frecuente que una prueba realizada una vez al año.
La intención sería convertir el diagnóstico temprano en un proceso permanente y no únicamente en una fotografía tomada en un momento determinado.
Este planteamiento forma parte de una tendencia cada vez más importante dentro de la investigación oncológica: buscar señales de la enfermedad en la sangre antes de que exista un tumor claramente identificable.
La idea de Raza gira alrededor de una pregunta que cambia completamente el enfoque tradicional. Si el cáncer comienza con una alteración celular, ¿por qué esperar hasta que exista una masa tumoral para intentar eliminarlo?
La respuesta que propone su investigación consiste en buscar el origen de la enfermedad.
Una célula aislada puede ser extremadamente difícil de encontrar. No tiene necesariamente el tamaño suficiente para aparecer en una prueba de imagen y puede confundirse con otras células presentes normalmente en la sangre. Por eso, el desarrollo del dispositivo requiere sensores capaces de identificar características concretas y diferenciar entre células normales y células que puedan resultar sospechosas.
Según las explicaciones de la investigadora, el sistema podría analizar características eléctricas y físicas de las células que atraviesan el dispositivo. La impedancia, es decir, la resistencia que presenta un tejido o una célula al paso de una corriente eléctrica, podría aportar información para distinguir determinados tipos celulares.
La investigación todavía debe demostrar hasta qué punto esa diferencia puede utilizarse de forma segura y precisa.

La propuesta no se limita a detectar una posible célula tumoral. Uno de los elementos más llamativos del proyecto es que el dispositivo también ha sido concebido para actuar sobre ella.
La idea consiste en que, si los sensores identificaran una célula que reuniera determinadas características, el sistema pudiera aplicar un impulso eléctrico para destruirla antes de que continuara su recorrido por el organismo.
Es precisamente esta parte la que convierte al «stentinel» en algo diferente de un sistema convencional de diagnóstico.
No se trataría únicamente de avisar al médico de que existe una señal sospechosa. El concepto busca integrar en un mismo dispositivo la detección y una posible intervención inmediata.
Sin embargo, esta capacidad todavía pertenece al terreno experimental. La tecnología necesita demostrar que puede identificar correctamente las células objetivo y que una eventual descarga eléctrica puede eliminarlas sin provocar daños en células sanas o en el propio organismo.
El organismo contiene millones de células diferentes y la sangre transporta continuamente una enorme variedad de elementos. Por ello, uno de los principales desafíos científicos consiste en evitar falsos positivos.
Un dispositivo implantado en una vena tendría que diferenciar una célula potencialmente tumoral de una célula normal. Una identificación incorrecta podría tener consecuencias importantes, especialmente si el sistema estuviera diseñado para aplicar una descarga eléctrica.
La precisión sería, por tanto, uno de los aspectos fundamentales antes de pensar en una utilización clínica.
El dispositivo tendría que demostrar que puede reconocer las células que realmente interesan sin confundirlas con células sanas. También tendría que funcionar durante largos periodos de tiempo y mantener su seguridad dentro del sistema circulatorio.
Son preguntas que todavía deben responderse mediante investigación experimental.
Aunque algunas declaraciones de Raza han utilizado expresiones muy contundentes para describir el potencial de la tecnología, el «stentinel» no es actualmente una cura contra el cáncer ni un tratamiento disponible para pacientes.
El proyecto continúa en fase de desarrollo y todavía debe superar diferentes etapas de investigación. Las informaciones publicadas sobre la tecnología señalan que todavía deben realizarse pruebas en animales antes de llegar a posibles ensayos clínicos con personas.
Esto significa que todavía no se puede saber si el dispositivo será capaz de detectar todos los tipos de cáncer, si podrá distinguir de forma fiable las células malignas, si será seguro mantenerlo implantado durante largos periodos o si la eventual destrucción eléctrica de una célula tendrá realmente el efecto esperado.
La investigación científica necesita responder a todas esas preguntas antes de que una tecnología de este tipo pueda llegar a los hospitales.
La propuesta de Raza se apoya en un principio ampliamente perseguido por la investigación médica: cuanto antes se detecte una enfermedad, mayores pueden ser las posibilidades de intervenir cuando todavía se encuentra localizada.
En el cáncer, el momento del diagnóstico puede tener una importancia determinante. Un tumor localizado puede tener opciones terapéuticas diferentes de aquellas que existen cuando la enfermedad ya se ha extendido a otros órganos.
Por eso, los investigadores de todo el mundo trabajan en métodos que permitan detectar señales tumorales cada vez más pequeñas.
La biopsia líquida es uno de los campos relacionados con este objetivo. Estas técnicas estudian elementos presentes en la sangre, como ADN tumoral circulante, células tumorales circulantes u otros biomarcadores que puedan proporcionar información sobre la existencia o evolución de un cáncer.
El «stentinel» plantea una variante mucho más ambiciosa: convertir la vigilancia en un proceso continuo mediante un dispositivo implantado.
La propuesta de Raza no surge únicamente de la ingeniería biomédica. Está vinculada a su experiencia de décadas atendiendo a pacientes con enfermedades oncológicas.
La especialista ha desarrollado gran parte de su trayectoria profesional en el estudio de enfermedades de la sangre y de la médula ósea. En la Universidad de Columbia dirige el Centro de Síndromes Mielodisplásicos, donde se ha reunido una importante colección de muestras procedentes de pacientes con síndromes mielodisplásicos y leucemia aguda.
Ese material permite estudiar cómo aparecen y evolucionan determinadas enfermedades y qué diferencias existen entre distintos tipos de células y tumores.
Su planteamiento parte de observar el cáncer no únicamente cuando ya está establecido, sino desde sus etapas más tempranas.
La idea también está relacionada con el trabajo de Raza desarrollado en su libro «The First Cell», donde plantea la necesidad de cambiar el modo de enfrentarse al cáncer.
En lugar de centrar todos los esfuerzos en perseguir las últimas células cancerosas después de que un tumor se haya desarrollado, la investigadora defiende la importancia de identificar las primeras alteraciones.
El razonamiento es que una célula detectada antes de que pueda multiplicarse representa un escenario muy diferente al de una enfermedad avanzada.
La investigación intenta, por tanto, trasladar el centro de atención desde el tratamiento hacia una combinación de detección extremadamente precoz y prevención de la progresión.
Si algún día una tecnología como el «stentinel» demostrara ser segura y eficaz, podría modificar la manera en la que se aborda parte de la detección oncológica.
En lugar de acudir periódicamente a determinadas pruebas y esperar a que aparezca una señal detectable, un paciente podría contar, en teoría, con una vigilancia permanente del organismo.
Eso permitiría imaginar una medicina capaz de reaccionar mucho antes ante determinadas alteraciones.
Pero llegar a ese escenario requiere resolver numerosos problemas científicos y médicos. Un dispositivo implantable tendría que ser biocompatible, resistente, preciso y capaz de funcionar de manera fiable durante largos periodos.
También sería necesario determinar qué células debe buscar, qué características permiten identificarlas y cómo actuar sobre ellas sin producir daños.
Una de las mayores diferencias entre una idea científica prometedora y un tratamiento médico es la demostración de que realmente funciona de manera segura.
Antes de utilizar una tecnología de este tipo en pacientes, los investigadores deben estudiar su funcionamiento en modelos experimentales, evaluar sus posibles riesgos y determinar si los resultados justifican avanzar hacia ensayos clínicos.
Después, los ensayos en humanos tendrían que establecer su seguridad, precisión y eficacia.
El hecho de que una tecnología sea capaz de detectar una determinada señal en condiciones experimentales no significa automáticamente que pueda utilizarse como herramienta médica.
Por eso, el desarrollo del «stentinel» todavía tiene por delante varias etapas.
La pregunta que plantea Azra Raza es sencilla de formular, pero puede tener enormes implicaciones para la medicina: ¿qué ocurriría si el cáncer pudiera detectarse antes incluso de que existiera un tumor visible?
El «stentinel» representa una respuesta experimental a esa pregunta. El dispositivo intenta convertir el sistema circulatorio en un espacio de vigilancia permanente, utilizando sensores electrónicos para buscar señales que puedan revelar la aparición de células anómalas.
Su objetivo final sería todavía más ambicioso: detectar una célula potencialmente cancerosa y actuar sobre ella antes de que tenga la oportunidad de multiplicarse.
Todavía no se sabe si esta estrategia conseguirá funcionar como esperan sus desarrolladores. El proyecto debe superar pruebas experimentales y posteriormente demostrar su seguridad y eficacia en estudios clínicos.
Pero la investigación refleja una tendencia clara dentro de la oncología: intentar encontrar el cáncer cada vez antes.
La batalla contra la enfermedad podría pasar, en el futuro, de intentar destruir grandes tumores a localizar sus primeras señales. Ese cambio supondría intervenir cuando la enfermedad todavía no ha tenido tiempo de desarrollarse plenamente.
Por ahora, el «stentinel» continúa siendo una tecnología experimental. No sustituye los métodos de diagnóstico existentes ni los tratamientos utilizados actualmente contra el cáncer. Su importancia está en la pregunta que plantea y en la investigación necesaria para comprobar si esa pregunta puede convertirse algún día en una herramienta médica real.
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Escrito por Veronica Gómez
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