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Renfe reduce sus pérdidas en 2024 gracias al aumento de viajeros en Alta Velocidad y a su expansión internacional Veronica Gómez
La normativa vigente en España establece que la donación de gametos —óvulos y esperma— debe mantenerse en el anonimato, salvo en casos excepcionales relacionados con riesgos graves para la salud. Sin embargo, cada vez son más las personas concebidas mediante técnicas de reproducción asistida que reclaman conocer su información genética y sus orígenes biológicos.

Algunos testimonios reflejan el impacto de este silencio. Joan Monté descubrió que era hijo de donante de esperma tras más de veinte años de ocultamiento: “Mi madre me pidió que no lo contara. Fue un secreto demasiado pesado”. Una historia similar vivió David Valls, cuya madre le rogó mantenerlo en secreto para evitar “rechazo o incomprensión” por parte de la familia.
Por su parte, Violeta Pardo se enteró de su origen cuando acompañaba a su padre enfermo al hospital: “Sentí alivio al saber que no heredaría su cáncer genético, pero también incertidumbre, porque no sé realmente de dónde vengo”.
La legislación española mantiene la confidencialidad de los donantes. Solo en circunstancias médicas extremas —cuando peligra la vida del recién nacido— puede accederse a la información genética del donante, aunque sin revelar su identidad, explica Agustín Ballesteros, director de una clínica de fertilidad.
El Registro Nacional de Donantes, gestionado por el Ministerio de Sanidad a través de la plataforma SIRHA, vela por la protección de los datos personales. Además, la normativa limita a seis el número de hijos nacidos del mismo donante, incluyendo a sus descendientes biológicos.
La psicóloga Laura Rabinad señala que el tabú social que aún rodea a la reproducción asistida genera un fuerte deseo de conocer la propia identidad genética: “Cuando una persona atraviesa una crisis vital, puede sentir que le falta una pieza de su historia. Esa ausencia de información provoca vacío y desconexión”.
Maria Sellés, criada por una madre soltera, describe ese sentimiento: “Desde niña me he preguntado por qué no tengo padre”. Su madre, Elionor, le explicó que recurrió a una clínica para cumplir su deseo de ser madre sin pareja. “Siempre he defendido que una familia no necesita ajustarse al modelo tradicional”, afirma.
Los test de ADN disponibles por internet han abierto una nueva vía para las personas concebidas mediante donación. Joan Monté encontró así a un “medio hermano” con un 98% de coincidencia genética. “Nos abrazamos sin palabras. Fue emocionante descubrir que compartimos algo tan profundo”, recuerda.
Sin embargo, la socióloga Sara Lafuente, de la Universidad Complutense de Madrid, advierte sobre los riesgos del “big data genético”: “Debemos ser conscientes del valor de estos datos y del uso que las empresas hacen de ellos”.
España es uno de los siete países europeos que mantienen el anonimato en la donación de esperma y óvulos. Según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), seis de cada 100 bebés nacidos en 2022 fueron concebidos gracias a estas técnicas, es decir, unos 16.500 niños.
El retraso en la maternidad y el auge de familias monoparentales o formadas por parejas lesbianas hacen prever un aumento en la demanda de donaciones. Pero el Comité de Bioética de España y la Asociación Española de Pediatría reclaman revisar el modelo y dar prioridad al derecho del menor a conocer sus orígenes.
Desde las clínicas, sin embargo, se teme que el fin del anonimato reduzca drásticamente el número de donantes. “España lidera el turismo reproductivo en Europa por la disponibilidad de óvulos y el sistema anónimo”, sostiene Juanjo Espinós, presidente de la SEF.
En Portugal, el Tribunal Constitucional eliminó el anonimato en 2018. “Al principio fue un shock —recuerda Vladimiro Silva, director de una clínica de fertilidad—, pero tras meses de debate público, las donaciones aumentaron de forma exponencial. Nunca habíamos tenido tantos donantes”.
En el país vecino, las personas concebidas por donación pueden conocer la identidad de su donante al cumplir 18 años. El Estado conserva esta información durante 75 años, garantizando el derecho del hijo a conocer sus orígenes.
Cuarenta años después de la primera fecundación in vitro realizada en España, crece una generación de adultos concebidos gracias a la ciencia que exige transparencia y reconocimiento.
“Ya es hora de dejar de proteger a una familia que no necesita ser protegida”, afirma David Valls. “Lo que importa es el derecho a la verdad”. Mientras que Joan Monté resume: “Mi familia es quien me ha criado, pero también tengo derecho a saber de dónde vengo. Ser hijo del amor y ser hijo del anonimato no deberían ser cosas incompatibles”.
@equipogosalvez ¡Ayúdanos a cambiar la Ley de Reproducción Asistida, que está discriminando a las mujeres! Hoy te pedimos algo muy concreto: que veas este vídeo, lo compartas y que etiquetes a @sanidadgob ♬ sonido original – Equipo Gosálvez
Escrito por Veronica Gómez
asistida donación española garantiza Ley reproducción
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