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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
La evolución humana no diseñó nuestro cuerpo desde cero ni buscó crear una anatomía perfecta. A lo largo de millones de años, las especies fueron acumulando cambios que permitieron adaptarse al entorno, pero también conservaron estructuras que habían sido útiles para nuestros antepasados y que hoy tienen una función mucho menor.
Por eso, algunos especialistas hablan de auténticas «chapuzas» evolutivas: características que siguen presentes en nuestro organismo porque no han supuesto un inconveniente suficiente como para desaparecer.
Uno de los ejemplos más conocidos es el apéndice. Durante mucho tiempo se consideró una estructura prácticamente inútil. Sin embargo, actualmente se sabe que participa en funciones relacionadas con el sistema inmunitario y con la microbiota intestinal.
Su importancia actual parece ser limitada en comparación con otros órganos, pero su existencia demuestra que llamar «inútil» a una parte del cuerpo puede resultar demasiado simplista. La evolución no elimina necesariamente aquello que deja de ser imprescindible.
Las muelas del juicio son otro ejemplo clásico. Nuestros antepasados tenían mandíbulas más grandes y una alimentación que exigía una masticación diferente. Con la evolución de la dieta y la reducción del tamaño de la mandíbula, estos últimos molares comenzaron a tener más dificultades para encontrar espacio.
En algunas personas permanecen correctamente alineadas y no provocan problemas. En otras pueden quedar parcialmente retenidas, causar dolor, inflamación o favorecer infecciones, lo que explica por qué son una de las estructuras dentales que con mayor frecuencia terminan siendo extraídas.
El coxis es uno de los vestigios más evidentes de nuestro pasado evolutivo. Se encuentra al final de la columna vertebral y procede de las vértebras que formaban la cola de nuestros antepasados.
Aunque ya no tenemos una cola externa, el coxis no carece completamente de utilidad. Sirve como punto de inserción para músculos y ligamentos y contribuye a la estabilidad de determinadas estructuras de la pelvis.
Algunas personas pueden mover las orejas de forma voluntaria gracias a unos pequeños músculos situados alrededor del pabellón auditivo. En otros mamíferos, estos músculos tienen una función mucho más importante: permiten orientar las orejas hacia el origen de un sonido.
En los seres humanos han perdido gran parte de esa utilidad debido a que nuestra capacidad para mover la cabeza y localizar sonidos hace innecesario ese mecanismo.
La piel de gallina también es un mecanismo que conserva una función relacionada con nuestros antepasados. Cuando sentimos frío o experimentamos determinadas emociones, pequeños músculos asociados a los folículos pilosos pueden contraerse y provocar que el vello se erice.
En animales con una capa de pelo abundante, esta respuesta puede ayudar a conservar el calor o hacer que parezcan más grandes frente a una amenaza. En los seres humanos, con mucho menos pelo corporal, el efecto es prácticamente residual.
La evolución funciona modificando estructuras anteriores en lugar de empezar de nuevo. Por eso, muchas características de nuestro organismo son el resultado de adaptaciones acumuladas durante generaciones.
Lo que hoy parece innecesario pudo haber desempeñado una función importante en algún momento de nuestra historia. Y algunas de esas estructuras, aunque hayan perdido protagonismo, todavía conservan pequeñas funciones que muestran que la etiqueta de «órgano inútil» no siempre es científicamente precisa.
La principal conclusión de estos ejemplos es que la evolución no tiene un objetivo final ni intenta fabricar organismos perfectos. Favorece aquellos cambios que permiten sobrevivir y reproducirse en determinadas condiciones.
Nuestro cuerpo es, en buena medida, el resultado de esa historia: una combinación de adaptaciones nuevas, estructuras modificadas y características heredadas de nuestros antepasados. Las llamadas «chapuzas evolutivas» son, precisamente, una muestra de cómo funciona ese proceso.
@dankev01 ¡PARTES del CUERPO que YA NO sirven PARA NADA! #dankev #cuerpohumano #ciencia #evolucion #tendencia #top ♬ sonido original – Dankev
Escrito por Veronica Gómez
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