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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
El comienzo del curso escolar en Ceuta llega este martes en un contexto excepcional. Mientras miles de alumnos se preparan para regresar a las aulas, algunas familias afrontan una decisión que hasta hace poco parecía impensable: llevar o no a sus hijos al colegio ante la situación de inseguridad que atraviesa la ciudad.
La preocupación se ha instalado especialmente entre los padres y madres de menores que deben desplazarse solos, utilizar el transporte escolar o recorrer determinadas zonas para llegar a sus centros. Para muchas familias, el regreso a las clases ya no se vive únicamente como el comienzo de una nueva etapa académica, sino también como una cuestión de seguridad.
El dilema afecta de manera distinta a cada hogar. Hay padres que consideran imprescindible que sus hijos regresen a clase para recuperar la rutina, mientras otros prefieren mantenerlos en casa hasta que las autoridades ofrezcan mayores garantías.
José María Marín, padre de una niña de 10 años, reconoce la preocupación existente entre las familias y admite que llevaban tiempo esperando este momento. La llegada del curso ha convertido ese temor en una decisión concreta que cada familia debe afrontar.
Otros progenitores cuestionan que pueda hablarse de normalidad cuando la presencia policial y las medidas extraordinarias forman parte del paisaje cotidiano. Algunos también expresan su inquietud por los desplazamientos de los adolescentes que tienen que utilizar autobuses para acudir a clase.
Ante la preocupación de la comunidad educativa, el Gobierno ha anunciado un refuerzo de las medidas de seguridad. La ministra de Educación, María José Tolón, aseguró que los centros educativos cuentan con seguridad privada y que también se reforzará la presencia policial en los accesos y en el transporte escolar.
Según explicó la ministra, la seguridad durante el inicio del curso ha sido una de las principales demandas trasladadas por familias, docentes y sindicatos. El objetivo es que los alumnos puedan regresar a las aulas y recuperar progresivamente una rutina que se ha visto alterada por la crisis que vive la ciudad.
Para algunas familias, el problema no termina en la puerta del colegio. El recorrido hasta el centro educativo se ha convertido en otra fuente de preocupación, especialmente cuando los menores deben desplazarse sin la compañía de sus padres.
Paulina Ruiz, madre de dos hijas, explica que la situación le genera especial inquietud por su hija adolescente, que necesita utilizar el autobús. Las informaciones sobre incidentes y daños en vehículos han incrementado la sensación de inseguridad entre algunos usuarios del transporte.
Por este motivo, algunos padres han decidido modificar sus rutinas habituales. Quienes antes permitían que sus hijos acudieran solos al colegio se plantean ahora acompañarlos tanto a la entrada como a la salida, aunque ello suponga reorganizar sus horarios laborales y familiares.
La situación también ha tenido consecuencias sobre la planificación educativa. El Gobierno de Ceuta decidió retrasar del 8 al 28 de septiembre el inicio de la actividad en dos escuelas infantiles municipales, cuyos alumnos serán atendidos en un centro situado en el barrio de Rosales.
El nuevo centro se encuentra frente al espacio donde se está instalando un centro de acogida para migrantes. Las autoridades señalaron que el aplazamiento está relacionado con los trámites administrativos necesarios para poner en funcionamiento las instalaciones.
La proximidad entre ambos espacios ha generado además protestas vecinales y preocupación entre trabajadores y familias que consideran necesario garantizar un entorno adecuado para los más pequeños.
La incertidumbre actual llega después de semanas especialmente complicadas para Ceuta. Durante la crisis, dos colegios fueron utilizados para alojar temporalmente a menores migrantes y otros espacios educativos llegaron a ser ocupados por personas migrantes. Educación aseguró que estos centros estarían reparados y preparados para el comienzo del curso.
La situación ha dejado una sensación de incertidumbre que todavía permanece entre parte de la población. Para muchas familias, recuperar la normalidad no consiste únicamente en abrir las puertas de los colegios, sino en conseguir que los menores puedan acudir a clase sin miedo.
Más allá de las decisiones de los adultos, las familias también están pendientes del impacto que todo este escenario puede tener sobre los menores. Algunos padres aseguran que sus hijos han cambiado sus rutinas y han dejado de acudir a determinados lugares de ocio por la tensión existente en las calles.
Aurora Botello, madre y profesora, resume una de las principales preocupaciones de muchas familias: que los niños puedan volver a clase con tranquilidad y sin sentirse afectados por una situación que no han provocado.
Para ella, mantener cierta normalidad resulta fundamental. Sus hijos esperan con ilusión el regreso al colegio, pero reconoce que la situación obliga a extremar las precauciones y a modificar hábitos que hasta ahora formaban parte de la vida cotidiana.
Ceuta afronta así un inicio de curso diferente, con cerca de 13.000 alumnos escolarizados y una comunidad educativa que reclama garantías para poder desarrollar la actividad con normalidad.
Mientras las autoridades insisten en que se han adoptado medidas para garantizar la seguridad, algunas familias continúan preguntándose si esas medidas serán suficientes. La vuelta a las aulas será, por tanto, también una prueba para comprobar si la ciudad consigue recuperar parte de la normalidad perdida durante las últimas semanas.
Escrito por Veronica Gómez
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