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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
El 11 de septiembre de 2001, 19 terroristas secuestraron cuatro aviones comerciales en Estados Unidos. Dos de ellos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, otro impactó contra el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
Los atentados provocaron la muerte de 2.977 personas, sin contar a los 19 secuestradores, y desencadenaron una transformación profunda de la política internacional y de la seguridad aérea.
El vuelo 11 de American Airlines salió del aeropuerto Logan de Boston con destino a Los Ángeles. A bordo viajaban pasajeros, tripulación y cinco secuestradores que posteriormente tomarían el control del aparato.
Poco después, otros tres aviones que acabarían formando parte de los atentados despegarían desde aeropuertos de la costa este estadounidense.
A las 8:46 horas, el vuelo 11 se estrelló contra la fachada norte de la Torre Norte del World Trade Center. El impacto provocó un enorme incendio y una columna de humo visible desde numerosos puntos de Manhattan.
En los primeros minutos, todavía existía incertidumbre sobre lo ocurrido y muchas personas pensaron inicialmente que podía tratarse de un accidente aéreo.
La confusión terminó cuando, a las 9:03 horas, el vuelo 175 de United Airlines impactó contra la Torre Sur. Las imágenes fueron retransmitidas en directo por las televisiones de todo el mundo.
El segundo impacto confirmó que Nueva York estaba siendo víctima de un ataque coordinado. La atención internacional se centró inmediatamente en el World Trade Center mientras las autoridades intentaban comprender la magnitud de la amenaza.
El presidente estadounidense George W. Bush se encontraba visitando una escuela de Sarasota, Florida, cuando fue informado de los ataques. Minutos después realizó su primera declaración pública y calificó lo ocurrido como una tragedia nacional, señalando que parecía tratarse de un ataque terrorista.
A las 9:37 horas, el vuelo 77 de American Airlines se estrelló contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa estadounidense, en Arlington, Virginia.
El ataque extendió la dimensión de la tragedia más allá de Nueva York y confirmó que los objetivos no se limitaban al World Trade Center.
La Administración Federal de Aviación ordenó que todos los vuelos comerciales que permanecían en el aire aterrizaran y prohibió nuevas operaciones aéreas.
Poco después también se evacuó la Casa Blanca y se tomaron medidas extraordinarias de seguridad en Washington y otras ciudades.
A las 9:59 horas, apenas 56 minutos después de haber recibido el impacto del avión, la Torre Sur se derrumbó.
Una enorme nube de polvo y escombros recorrió las calles cercanas mientras miles de personas intentaban alejarse del lugar. Los equipos de emergencia comenzaron a afrontar una situación de dimensiones desconocidas. (EFE)
El cuarto avión secuestrado, el vuelo 93 de United Airlines, terminó estrellándose a las 10:03 horas cerca de Shanksville, Pensilvania.
Las investigaciones posteriores determinaron que los pasajeros habían intentado enfrentarse a los secuestradores para recuperar el control del avión. El aparato no llegó a alcanzar su objetivo previsto, que las investigaciones situaron probablemente en Washington.
A las 10:28 horas, la Torre Norte también se derrumbó. Habían pasado alrededor de 102 minutos desde el impacto del primer avión.
El colapso dejó una enorme zona cubierta de polvo y escombros y complicó todavía más las labores de emergencia y rescate en el sur de Manhattan.
El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, ordenó la evacuación de la zona sur de Manhattan. Miles de personas abandonaron el área a pie mientras los equipos de emergencia continuaban trabajando entre los restos del complejo.
La ciudad quedó prácticamente paralizada ante la magnitud de los ataques.
A las 12:16 horas, después de que aterrizara el último vuelo que permanecía en el aire, quedó cerrado el espacio aéreo estadounidense.
La medida, sin precedentes por su alcance, reflejó el nivel de incertidumbre que todavía existía varias horas después de los ataques.
A las 17:25 horas, el edificio 7 del World Trade Center, de 47 plantas, se derrumbó después de los daños y los incendios provocados por los atentados contra las Torres Gemelas.
El colapso añadió otra imagen impactante a una jornada que había mantenido al mundo pendiente de Nueva York durante horas.
Ya de regreso en la Casa Blanca, George W. Bush habló por televisión a la población estadounidense. El presidente aseguró que Estados Unidos identificaría a los responsables y a quienes los apoyaban.
Para entonces, el país se encontraba en estado de máxima alerta y comenzaba a perfilarse la respuesta política y militar que marcaría los años posteriores.
Veinticinco años después, los atentados del 11-S continúan formando parte de la memoria colectiva. Las casi 3.000 víctimas, los supervivientes, los familiares y los miles de bomberos, policías, sanitarios y voluntarios que participaron en las labores de emergencia siguen siendo protagonistas de una tragedia que cambió la historia contemporánea.
El aniversario vuelve a recordar aquella mañana del 11 de septiembre de 2001, cuando en apenas unas horas Estados Unidos sufrió una cadena de ataques coordinados que transformó para siempre la seguridad, la política internacional y la vida de millones de personas.
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Una publicación compartida por Florencia Pachilla 📷 Content Creator • New York (@newflorcity)
Escrito por Veronica Gómez
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