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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
Un piso abandonado en el barrio de la Fuensanta se había transformado en un improvisado palomar. Entre montones de excrementos y centenares de palomas, los bomberos hallaron los restos óseos de un hombre del que nadie sabía nada desde hacía más de una década.
El insólito hallazgo se produjo en Valencia, cuando los bomberos del cuerpo municipal tuvieron que abrirse paso entre bandadas de palomas para entrar en la vivienda. En su interior encontraron el cuerpo esqueletizado de Antonio F., nacido en 1939, un vecino al que sus allegados creían ingresado en una residencia. Nadie sospechaba que llevaba muerto en su propio hogar desde hacía casi quince años.
El descubrimiento se produjo a raíz de unas humedades detectadas en la vivienda de una mujer de 81 años, residente justo debajo del piso del fallecido. Las lluvias recientes habían inundado la terraza del edificio, situado en la calle Luis Fenollet de Valencia, debido a un desagüe obstruido. El agua se filtró hasta el apartamento donde yacía el hombre, y posteriormente empezó a gotear en el domicilio inferior, lo que llevó al hijo de la vecina a avisar al seguro y, finalmente, a los bomberos.
«El agua caía sobre la cama y pensamos que venía del piso superior, donde vivía un hombre al que no veíamos desde hacía años», relató Rafa, uno de los vecinos. A las 16:45 horas del sábado, los bomberos accedieron por el balcón con una escalera mecánica y, al entrar, fueron literalmente atacados por decenas de palomas, según testigos presenciales.
El interior del inmueble presentaba una escena dantesca: excrementos acumulados, aves muertas y hasta varios centímetros de arena cubrían el suelo. Entre la suciedad, los bomberos localizaron el cuerpo esqueletizado del propietario, escondido en el hueco entre la cama y el armario. Más tarde, durante la inspección policial y forense, se hallaron huesos en otras estancias, probablemente arrastrados por las propias palomas.
«Los bomberos decían que nunca habían visto algo parecido», comentó un vecino.
Antonio F., antiguo albañil jubilado, residía solo desde que se separó de su esposa y había perdido el contacto con sus hijos. Los vecinos pensaban que estaba en una residencia, ya que desde 2010 nadie lo había visto salir del piso. «Lo sorprendente es que seguía pagando todo puntualmente», explicó Ana, otra vecina del edificio.
Un año antes de la pandemia acumuló una deuda de unos 12.000 euros con la comunidad, pero el administrador de la finca regularizó la situación domiciliando los pagos. Todos los recibos de agua, luz y comunidad estaban automatizados, lo que impidió detectar su fallecimiento. Incluso la pensión se ingresaba de forma habitual en su cuenta bancaria.
Los vecinos reconocen que tiraban las cartas que llegaban a su buzón o las entregaban al administrador para evitar que alguien descubriera que el piso estaba vacío y lo ocupara ilegalmente.
El Grupo de Homicidios de la Policía Nacional se ha hecho cargo del caso, aunque las primeras hipótesis apuntan a una muerte natural. El inmueble estaba cerrado desde dentro con pestillo, según publica Las Provincias.
Pasadas las nueve de la noche se procedió al levantamiento del cadáver, cuyos restos fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal de Valencia. Allí se realizará la autopsia y las pruebas de ADN o dentales necesarias para confirmar su identidad y establecer la fecha aproximada del fallecimiento.
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Escrito por Veronica Gómez
fallecido Hombre inundada revela terraza Valencia
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