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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
La superestrella colombiana Shakira, quien una vez encandiló al mundo con el «Waka Waka» en el Mundial de 2010, se encuentra ahora en el epicentro de una tormenta personal y judicial, a pesar de que su carrera profesional brilla con más fuerza que nunca. Aquel campeonato en Sudáfrica no solo marcó el inicio de su apasionado romance con el futbolista Gerard Piqué, sino también su estrecha conexión con España, pero hoy el panorama es desolador, transmutado en un torbellino de emociones y litigios que la mantienen en el ojo del huracán. Este periplo vital, que bien podría ser guion para un futuro «biopic», muestra a la artista transitando del amor idílico a una compleja realidad.

Antes de que el balón rodara en Sudáfrica en 2010, Shakira ya era una figura de talla mundial. Su designación para interpretar el himno oficial del torneo fue la ratificación de una trayectoria ascendente que la había catapultado de un referente latinoamericano a un verdadero ícono global. Sus cifras discográficas son elocuentes y hablan por sí solas. Sin embargo, en el lapso que separa aquel evento del actual Mundial, la vida de la cantante ha experimentado no uno, sino dos giros existenciales de proporciones mayúsculas. Mientras en Sudáfrica florecía su romance con Gerard Piqué y, por extensión, su vínculo con España –país que, por cierto, alzó la copa en aquella ocasión–, dieciséis años después la artista vuelve a ponerle ritmo a una competición que, caprichos del destino, podría ver triunfar de nuevo a la nación donde experimentó el amor más profundo, pero también la amarga traición y, según sus propias palabras, una «persecución injusta» por sus problemas fiscales.
Cuando a la barranquillera se le encomendó la tarea de dar voz al himno oficial del campeonato, ya había completado su transformación de estrella regional a fenómeno planetario. Sus primeros trabajos, «Pies descalzos» (1995) y «¿Dónde están los ladrones?» (1998), la posicionaron en la élite de la música en español. Con el cambio de milenio, en 2001, dio el salto definitivo al mercado internacional con «Laundry Service (Servicio de lavandería)», una audaz incursión bilingüe que cosechó más de 13 millones de ventas. Este éxito masivo consolidó su estatus y le abrió las puertas a audiencias globales, marcando un antes y un después en su carrera.
La senda del éxito continuó con «Fijación oral vol. 1» (en español) y «Oral Fixation Vol. 2» (en inglés) en 2005 y 2006, respectivamente. Después de un regreso a sus raíces con «Sale el Sol», ya con dos Grammys y siete Grammy Latinos en su haber y reconocida por Billboard como la «Artista Latina de la Década», llegó el Mundial de Fútbol, el icónico «Waka Waka»… y Gerard Piqué. Curiosamente, la cantante y el futbolista se conocieron brevemente antes del campeonato. Fue en Madrid, durante un festival, donde sus caminos se cruzaron en un local. Intercambiaron números, pero el verdadero flechazo se demoraría unos meses.
Piqué, por su parte, fue seleccionado para aparecer en el videoclip de «Waka Waka». Aunque no compartieron el rodaje —ella grabó en Los Ángeles y él en España—, cuando la colombiana vio el resultado final, quedó visiblemente prendada. El siguiente paso lo dio Piqué, quien le envió un mensaje para indagar sobre el clima en Sudáfrica, país al que ella había viajado anticipadamente para preparar su actuación inaugural. La respuesta de Shakira fue un extenso mensaje de WhatsApp que no dejaba lugar a dudas: la química era innegable.
La futura pareja mantuvo una intensa comunicación durante el torneo, hasta que un mensaje en particular selló su destino. Piqué, deseoso de un reencuentro que solo sería posible si su equipo llegaba a la final, donde Shakira volvería a actuar, le escribió: «Si tengo que llegar a la final para verte, lo haré». Y así fue. La selección española llegó a la final, y el resto, como se suele decir, es historia, aunque no una historia interminable, pues la relación duraría doce años y culminaría de manera explosiva.
En 2011, la pareja hizo oficial su noviazgo, lo que llevó a Shakira a establecerse en Barcelona. Dos años más tarde, Milán, su primer hijo, llegó al mundo, y en 2015, Sasha. Todo parecía marchar sobre ruedas; eran catalogados como una de esas parejas idílicas, un reflejo de lo que la propia Shakira expresaba en sus canciones de la época. Un claro ejemplo es su éxito de 2017, «Me enamoré», donde versos como «La vida me empezó a cambiar / La noche que te conocí (…) Este todavía es un niño / Pero ¿qué le voy a hacer? / Es lo que andaba buscando» resonaban con la felicidad del momento, sin olvidar el estribillo que hoy suena tan lejano: «Mira qué cosa bonita / Qué boca más redondita / Me gusta esa barbita».
Desde el Mundial de 2010 y el inicio de su relación con Piqué, la carrera de Shakira se catapultó a cotas insospechadas. En 2011, fue reconocida como la persona más joven en recibir el premio Persona del Año de la Academia Latina de la Grabación y se le otorgó una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. A medida que avanzaba la década, demostró una notable capacidad de adaptación a las nuevas tendencias musicales, incursionando en el reguetón y colaborando con grandes figuras del género urbano. Su álbum de 2017, «El Dorado», fue un rotundo éxito global, seguido de una gira masiva. En 2020, alcanzó un pico de popularidad al protagonizar, junto a Jennifer Lopez, el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, un show aclamado como uno de los mejores en la historia del evento.
Pero entonces, la pandemia paralizó el mundo y, con ello, la vida profesional de Shakira. Poco después, un terremoto sacudió su esfera personal. En junio de 2022, en medio de rumores persistentes de infidelidad de Piqué con Clara Chía, la pareja anunció oficialmente su separación mediante un comunicado conjunto. Esta ruptura desencadenó una batalla legal por la custodia de sus hijos, que finalmente se resolvió con la mudanza de la cantante y sus pequeños a Miami. Para ese entonces, la tensión entre ambos había escalado a niveles extremos. Shakira sospechaba que la familia del futbolista estaba al tanto de la infidelidad, y obtuvo la confirmación definitiva cuando salió a la luz una entrevista de Piqué grabada en agosto de 2021, en la que Clara Chía aparecía caminando por la casa de la pareja, demostrando que ya se había instalado allí incluso cuando la cantante y los niños estaban de viaje. Fue entonces cuando Shakira, en un gesto cargado de simbolismo, colocó un maniquí de tamaño real de una bruja en el balcón de su casa, apuntando directamente hacia la residencia de sus exsuegros, sus vecinos de al lado. Como si esto no fuera suficiente, su conflicto con la Hacienda española se recrudeció mediáticamente, sumiéndola en una situación realmente difícil. Pero Shakira, lejos de amilanarse, no se iba a rendir, ni en el ámbito personal ni en el legal.
De hecho, la artista transformó su vulnerabilidad en una poderosa fuente de inspiración y, por qué no, de ingresos. Shakira canalizó el despecho de la ruptura en una serie de canciones-dardo como «Te felicito», «Monotonía» y, sobre todo, la emblemática «BZRP Music Sessions #53» junto al productor argentino Bizarrap. Esta última se convirtió en un fenómeno sociológico global, batiendo 14 récords mundiales Guinness y popularizando la frase de venganza: «Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan».
Ese mismo 2023, en reconocimiento a su «resiliencia e impacto cultural», fue nombrada la primera Mujer del Año en la gala latina de Billboard. En cuanto a sus problemas legales, Shakira resolvió su primer juicio con Hacienda al alcanzar un pacto en el que se declaró culpable. Y, aunque tuvo que esperar tres años, hace pocos meses celebró su absolución en el segundo proceso. Recientemente, Shakira ha vuelto a marcar un hito histórico con un concierto ante dos millones y medio de personas en Río de Janeiro, y tiene pendiente establecer otro récord con su próxima residencia de doce veladas en Madrid. Así, renovada y en su mejor momento, llega a esta nueva cita mundialista que no deja de generarle titulares, aunque sea de forma indirecta: la casa de Lamine Yamal, que fuera su propiedad antes de su separación y que vendió al joven crack de la selección española, fue asaltada por ladrones en la noche de la semifinal. Un recordatorio, quizá, de que la vida de Shakira sigue siendo un torbellino de acontecimientos, donde el amor, la música y el drama se entrelazan de forma inseparable.
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Escrito por Veronica Gómez
estrella Latino Mundiales Shakira
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