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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
Después de toda una vida dedicada a la sal, el último salinero tradicional de las históricas Salinas del Carmen se despide de su profesión. Juan Manuel Rodríguez Lemes pone fin a décadas de trabajo artesanal y deja su legado en manos de una nueva generación para evitar que desaparezca uno de los oficios más emblemáticos del patrimonio canario.
Las históricas Salinas del Carmen son actualmente las únicas salinas tradicionales que siguen activas en la isla de Fuerteventura, convirtiéndose en un símbolo cultural y etnográfico del archipiélago.
Juan Manuel Rodríguez Lemes nació en Arrecife y desde pequeño creció rodeado de salinas.
En apenas un kilómetro alrededor de su casa se concentraban varias de las numerosas explotaciones salineras que existían entonces en la isla de Lanzarote, lo que convirtió aquellos paisajes blancos en su lugar habitual de juegos y aprendizaje.
Fue allí donde comenzó a conocer el funcionamiento de los cocederos, los tajos salineros y las técnicas tradicionales de extracción de sal que marcarían toda su vida.
Procedente de una familia dedicada al mar, Juan Manuel intentó seguir la tradición familiar.
Con apenas 16 años estudió máquinas en la Escuela de Pesca de Lanzarote y comenzó a navegar junto a su padre. Sin embargo, descubrió rápidamente que la vida embarcado no era para él.
Tras sufrir mareos continuos durante varios días en alta mar, entendió que su futuro seguiría ligado al océano, pero desde tierra firme.
Durante los años 80 comenzó a trabajar en las históricas Salinas de Janubio, donde realizó varias campañas hasta regresar años después a sus raíces salineras.
En 2017 inició su última etapa profesional en las Salinas del Carmen, donde ahora cede el testigo a Cristian y Juan, dos aprendices que llevan meses formándose para mantener viva esta tradición.
“Entre tajos empezó mi vida profesional y ahora termina”, resume emocionado.
El objetivo es claro: evitar que desaparezca un conocimiento artesanal transmitido durante generaciones.
La elaboración de sal ha cambiado mucho con el paso del tiempo.
Si históricamente era fundamental para conservar alimentos —especialmente pescado—, hoy las salinas priorizan la calidad del producto frente a la producción masiva.
En las Salinas del Carmen se elaboran principalmente tres variedades:
Todo el proceso continúa realizándose manualmente, manteniendo técnicas tradicionales que convierten este lugar en un importante referente cultural.
Declaradas Bien de Interés Cultural, las Salinas del Carmen afrontan ahora una nueva etapa: conservar un oficio centenario para que las futuras generaciones no pierdan uno de los símbolos más característicos de Canarias.
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Escrito por Veronica Gómez
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