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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
La oncología vive una etapa de importantes avances científicos que está abriendo nuevas posibilidades para pacientes con algunos de los tumores más difíciles de tratar. Los resultados presentados durante el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), celebrado en Madrid, han despertado expectativas entre los especialistas por la mejora de supervivencia observada en determinados ensayos clínicos.
Entre las novedades más destacadas figuran una combinación de inmunoterapia para el cáncer de pulmón microcítico y un fármaco experimental dirigido contra alteraciones moleculares relacionadas con el cáncer de páncreas. Los investigadores consideran que estos resultados reflejan el potencial de los tratamientos personalizados, aunque advierten de que mejorar la supervivencia no equivale necesariamente a curar la enfermedad.
Uno de los resultados que más atención ha recibido corresponde a un ensayo clínico en pacientes con cáncer de pulmón microcítico, un tumor especialmente agresivo y con opciones terapéuticas limitadas. El estudio evaluó la incorporación de tarlatamab al tratamiento de mantenimiento con durvalumab.
Según los datos presentados, la supervivencia estimada al año alcanzó el 79,4 % entre quienes recibieron la combinación, frente al 53,3 % en el grupo tratado únicamente con durvalumab. La diferencia supone una señal importante para una enfermedad cuyo pronóstico continúa siendo muy desfavorable.
El objetivo de este tipo de tratamientos es prolongar el control del tumor después de la fase inicial de tratamiento. Sin embargo, los resultados deben interpretarse en el contexto del ensayo y del seguimiento disponible: no significan que todos los pacientes vayan a obtener el mismo beneficio ni que la enfermedad haya dejado de ser mortal.
Otro de los avances que ha generado expectación procede de un ensayo presentado en mayo durante el congreso de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), celebrado en Chicago. El fármaco daraxonrasib, todavía en investigación, está diseñado para actuar sobre KRAS, una proteína implicada en el crecimiento de numerosos tumores y especialmente relevante en el cáncer de páncreas.
En pacientes con cáncer pancreático metastásico, los resultados comunicados mostraron una supervivencia de hasta 13 meses, aproximadamente el doble de la observada con la quimioterapia convencional utilizada como comparación en el estudio.
La investigación representa un paso importante hacia tratamientos que no se dirigen únicamente al órgano afectado, sino a las alteraciones moleculares que impulsan el crecimiento del tumor. Aun así, el medicamento sigue siendo experimental y serán necesarios más datos para determinar qué pacientes pueden beneficiarse, cuáles son sus efectos secundarios y cómo se compara con otras alternativas.
Los avances recientes forman parte de una transformación más amplia de la oncología. La identificación de mutaciones, biomarcadores y características biológicas de cada tumor permite seleccionar terapias con mayores probabilidades de funcionar en determinados pacientes.
Entre las estrategias que están ganando protagonismo destacan los anticuerpos conjugados, conocidos como ADC. Estos medicamentos combinan un anticuerpo capaz de reconocer determinadas células tumorales con un fármaco que se libera para atacarlas. La idea es dirigir el tratamiento de una manera más selectiva, aunque estos medicamentos también pueden provocar efectos adversos y requieren una vigilancia clínica cuidadosa.
La inmunoterapia, por su parte, busca ayudar al sistema inmunitario a reconocer y combatir las células cancerosas. La combinación de estas estrategias con tratamientos dirigidos está ampliando las opciones para algunos tumores que responden poco a las terapias tradicionales.
El congreso ESMO también ha presentado resultados de un ensayo internacional de fase III sobre el sacituzumab tirumotecan, un conjugado anticuerpo-fármaco destinado a pacientes con cáncer de endometrio avanzado o recurrente que ya habían recibido quimioterapia e inmunoterapia.
El estudio incluyó a 776 pacientes. Tras un seguimiento medio de 14 meses, la supervivencia libre de progresión —el tiempo durante el que la enfermedad no empeora— pasó de 3,9 meses con los tratamientos de comparación a 7,2 meses con el nuevo medicamento. El riesgo de progresión o muerte se redujo un 41 %.
La mediana de supervivencia global también fue mayor: 19 meses frente a 12,1 meses en el grupo de comparación. Los resultados apuntan a una posible alternativa para pacientes que disponen de pocas opciones eficaces después de que otros tratamientos hayan dejado de funcionar.
Pese al entusiasmo generado por estos resultados, los oncólogos recuerdan que los nuevos medicamentos no representan una cura universal contra el cáncer. Su eficacia depende del tipo de tumor, de sus características moleculares, del estadio de la enfermedad y de la situación de cada paciente.
También preocupa el tiempo que transcurre entre la presentación de resultados positivos, la autorización de los medicamentos y su incorporación a los sistemas públicos de salud. La financiación, el coste de los tratamientos y la capacidad de los hospitales para administrarlos pueden condicionar el acceso de los pacientes a la innovación.
Por ello, los especialistas consideran fundamental continuar con los ensayos clínicos y evaluar tanto la supervivencia como la calidad de vida, la seguridad y los efectos secundarios. Los avances solo podrán traducirse en beneficios reales si se confirma su eficacia y llegan de forma adecuada a quienes los necesitan.
Los resultados presentados en los congresos internacionales reflejan que la investigación está abriendo nuevas vías frente a enfermedades que durante décadas han contado con opciones limitadas. Las mejoras observadas en determinados cánceres de pulmón, páncreas y endometrio muestran el potencial de combinar inmunoterapia, tratamientos dirigidos y medicamentos diseñados para actuar sobre características específicas de las células tumorales.
Aunque todavía existen importantes desafíos, prolongar la vida de los pacientes y mantener durante más tiempo la enfermedad bajo control supone un avance significativo. La siguiente etapa será confirmar los resultados, identificar a las personas que más pueden beneficiarse y garantizar que la innovación se traduzca en una atención segura y accesible.
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Una publicación compartida por Diario de una científica – Lucía Almagro 🔬 (@diariodeunacientifica)
Escrito por Veronica Gómez
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