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A unos 150 metros de profundidad frente a la costa occidental de Noruega se encuentra el U-864, un submarino alemán hundido durante la Segunda Guerra Mundial. En su interior todavía queda mercurio, cuya cantidad exacta no se conoce, aunque documentos históricos apuntan a una carga que podría haber alcanzado entre 65 y 67 toneladas.
El submarino fue hundido el 9 de febrero de 1945 por el HMS Venturer, un submarino británico. Las 73 personas que viajaban a bordo murieron. El pecio permaneció desaparecido durante décadas, hasta que fue localizado en 2003.
El problema actual es ambiental. Parte de los recipientes que contenían el mercurio se han deteriorado y algunas fugas ya han contaminado los sedimentos próximos al pecio.
Durante los trabajos realizados en 2026, las autoridades noruegas consiguieron extraer 22 recipientes. Los primeros análisis indicaron que aproximadamente el 80 % estaba dañado y presentaba fugas. La operación permitió recuperar alrededor de media tonelada de mercurio, pero también se produjo liberación del metal en el agua durante los trabajos.
La experiencia ha complicado todavía más la decisión. Recuperar toda la carga podría reducir la contaminación a largo plazo, pero las operaciones necesarias para abrir y manipular el submarino también podrían remover sedimentos contaminados.
Tras evaluar los resultados, la Administración Costera de Noruega recomendó cubrir permanentemente el pecio y los sedimentos contaminados. El organismo considera que una operación de recuperación a gran escala podría liberar más contaminantes de los que conseguiría retirar. (infobae)
El sellado, sin embargo, tampoco acabaría completamente con el problema. La zona tendría que mantenerse bajo vigilancia durante mucho tiempo y las autoridades deberían controlar la evolución del pecio y de la contaminación.
Noruega debe decidir ahora qué hacer con uno de los pecios más singulares de la Segunda Guerra Mundial. La tecnología permite estudiar el submarino con detalle, pero cualquier intervención implica riesgos.
Por el momento, los estudios realizados sobre peces y mariscos de la zona no han mostrado un aumento sostenido de los niveles de mercurio que permita hablar de una contaminación generalizada.
Después de “El U-864 permanece hundido frente a la isla de Fedje desde 1945.”
Más de ocho décadas después de su hundimiento, esa carga continúa representando un desafío ambiental para las autoridades noruegas.
Después de “Una carga peligrosa bajo el mar.”
A partir de entonces comenzaron los estudios para conocer el estado del pecio y evaluar los posibles riesgos asociados al mercurio que permanece en su interior.
La experiencia demuestra que intervenir directamente sobre el pecio puede permitir retirar parte del contaminante, pero también puede generar nuevos riesgos al manipular una estructura deteriorada y los sedimentos que la rodean.
Después de “Sellarlo podría ser la alternativa.”
El sellado permitiría aislar el submarino y reducir el contacto del mercurio con el entorno marino. Sin embargo, esta opción tampoco supondría el final del problema.
Después de “Un dilema que continúa más de 80 años después.”
La decisión final deberá determinar si resulta más conveniente intentar recuperar una parte mayor de la carga o mantener el submarino sellado y controlar durante los próximos años la evolución de la contaminación.
El paso del tiempo ha convertido al submarino en un problema que combina historia, seguridad y protección del medio marino. La estructura permanece bajo el agua y las condiciones del entorno hacen que cualquier operación de inspección o extracción de materiales deba realizarse con equipos especializados.
Más de ocho décadas después de su hundimiento, el lugar continúa siendo objeto de estudios y seguimiento por parte de las autoridades noruegas. La principal preocupación está relacionada con el comportamiento del mercurio almacenado en el interior y con su posible contacto con el ecosistema que rodea al pecio.
Su localización permitió conocer con mayor precisión dónde se encontraba el submarino y estudiar las condiciones en las que había permanecido durante tantos años. Desde entonces, las autoridades han tenido que analizar diferentes posibilidades para reducir los riesgos asociados a la presencia del mercurio.
La situación es especialmente delicada porque el contaminante no se encuentra únicamente dentro del submarino. Los sedimentos cercanos también forman parte del problema y cualquier intervención debe tener en cuenta qué podría ocurrir con ellos durante los trabajos.
Estos resultados aportaron información importante sobre el estado real de los recipientes y sobre las dificultades que implica trabajar directamente sobre el pecio. La intervención también permitió comprobar que retirar el material contaminante no es una tarea sencilla y que cada fase debe realizarse teniendo en cuenta las condiciones del entorno.
Por ese motivo, el debate no se limita a decidir cuánto mercurio puede recuperarse. También se debe valorar qué consecuencias podría tener una intervención de mayor tamaño sobre el fondo marino y sobre los materiales que llevan décadas depositados alrededor del submarino.
La propuesta supone mantener el submarino en el lugar donde se encuentra y crear una barrera que permita aislarlo del entorno. De esta manera, se reduciría la posibilidad de que el mercurio continúe entrando en contacto con los sedimentos y el agua que rodean el pecio.
Ese seguimiento permitiría comprobar si la solución mantiene el material aislado y si las condiciones del fondo marino permanecen estables. También sería necesario continuar analizando el entorno para detectar cualquier cambio que pudiera requerir nuevas medidas.
El caso del U-864 muestra además cómo un acontecimiento ocurrido durante la guerra puede seguir generando consecuencias décadas después. El submarino tiene un valor histórico evidente, pero su presencia bajo el mar plantea al mismo tiempo una cuestión ambiental que las autoridades deben gestionar con especial cuidado.
La dificultad está en encontrar una solución que permita controlar el mercurio sin provocar un impacto mayor durante las propias operaciones. Por eso, la decisión debe considerar tanto el estado actual del pecio como la evolución que podría tener la contaminación en el futuro.
Mientras continúa la evaluación, el U-864 permanece en el fondo del mar y Noruega deberá determinar si interviene nuevamente para retirar parte de su peligrosa carga o si opta por mantenerlo aislado y someter la zona a un seguimiento prolongado.
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Una publicación compartida por Noruega con Juanjo 🇳🇴 Tromsø (@juristavalhalla)
Escrito por Veronica Gómez
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