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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
El Mar Menor ofrece nuevas señales de esperanza para la conservación de la nacra común, un molusco emblemático del Mediterráneo cuya población sufrió un desplome devastador durante los últimos años. La aparición de nuevos ejemplares juveniles y los avances en su seguimiento científico refuerzan las posibilidades de supervivencia de esta especie, considerada en peligro crítico de extinción.
La cifra de 450 nuevos ejemplares apunta a un avance importante en los esfuerzos de recuperación. No obstante, el hallazgo debe interpretarse con prudencia: la presencia de juveniles es una señal positiva de reproducción y renovación de la población, pero no significa que la especie haya superado las amenazas que todavía ponen en riesgo su futuro.
La nacra común, cuyo nombre científico es Pinna nobilis, es uno de los moluscos bivalvos más grandes del Mediterráneo. Puede alcanzar dimensiones considerables y desempeña una función ecológica relevante, ya que contribuye a la filtración del agua y forma parte de la biodiversidad de los fondos marinos.
Durante los últimos años, sus poblaciones han sufrido una mortalidad masiva asociada principalmente a un patógeno que se extendió por amplias zonas del Mediterráneo. La situación llevó a la especie al borde de la desaparición en buena parte de su área de distribución.
El Mar Menor se ha convertido en uno de los refugios más importantes para su supervivencia. Sus características ambientales, entre ellas una salinidad elevada, podrían haber contribuido a que algunos ejemplares resistieran mejor las amenazas sanitarias que afectaron a otras poblaciones.

Uno de los avances más relevantes fue la detección de ejemplares juveniles en la laguna después de varios años sin encontrar grupos de nacras jóvenes. En 2024 se confirmó un reclutamiento natural que volvió a detectarse y amplió su presencia durante 2025, un indicio de que la población conservaba capacidad reproductiva.
Estos resultados son especialmente importantes porque la recuperación de una especie tan amenazada no depende únicamente de proteger los ejemplares adultos. También resulta fundamental que nazcan nuevos individuos, sobrevivan y alcancen la madurez para mantener una población viable a largo plazo.
Los equipos científicos continúan realizando inmersiones, identificando ejemplares y estudiando su evolución. El seguimiento permite conocer dónde se encuentran las nacras, evaluar los riesgos y actuar cuando su supervivencia puede verse comprometida.

Pese a los avances, la recuperación de la nacra continúa siendo frágil. La degradación del hábitat, la contaminación, la llegada de nutrientes desde la cuenca, los fondeos de embarcaciones y determinadas actividades humanas pueden perjudicar a los ejemplares y alterar los fondos donde viven.
Por ello, las medidas de conservación incluyen el seguimiento de las poblaciones, la localización de juveniles, la vigilancia de las zonas sensibles y la limitación de actividades que puedan dañar los ejemplares o su entorno.
La Región de Murcia también trabaja en un plan específico de recuperación que contempla actuaciones científicas, programas de cría, conservación genética y protección de los hábitats. El objetivo es aumentar las posibilidades de supervivencia de la especie y favorecer su recuperación a largo plazo.
La evolución de esta población constituye un indicador de gran interés para los investigadores que estudian la salud ambiental de la laguna. Cada nuevo ejemplar representa una oportunidad para mantener viva una especie que ha sufrido uno de los retrocesos más graves de la biodiversidad mediterránea.
La colaboración ciudadana también puede contribuir a su protección. Evitar tocar las nacras, no alterar los fondos marinos y respetar las zonas delimitadas para su conservación son medidas sencillas que ayudan a reducir los riesgos.
Los nuevos ejemplares aportan motivos para el optimismo, pero el reto continúa siendo convertir estos avances en una recuperación estable. La supervivencia de la nacra dependerá de mantener la investigación, proteger su hábitat y mejorar las condiciones ambientales del Mar Menor.
Escrito por Veronica Gómez
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