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La terrible agresión que sufrió una joven en un colegio concertado de Alicante: “Me escupieron y lanzaron heces”

today4 de diciembre de 2025 21

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La terrible agresión que sufrió una joven en un colegio concertado de Alicante: “Me escupieron y lanzaron heces”

La adolescente y su amiga sostienen que los hechos comenzaron dentro del centro y continuaron fuera, mientras que la directora del colegio niega la primera parte.

Joven

A petición de la joven), de 14 años, aún le duele la cabeza y el costado derecho cuando gira el cuello. Pero lo que más pesa va más allá de lo físico.

Le cuesta seguir acudiendo cada mañana al mismo colegio en el que, según su relato, el de su amiga y los partes médicos y policiales, dos compañeros presuntamente la golpearon, la humillaron y terminaron lanzándole excrementos de perro a la cara a la salida de clase.

El centro, el Colegio Concertado Plurilingüe Calasancio de Alicante, niega que nada de lo ocurrido empezara dentro de sus instalaciones y reduce todo a “una agresión fuera del centro”.

Mientras tanto, la menor acumula una denuncia en el Grupo de Menores de la Policía y un parte de lesiones que califica su caso de “grave” y recomienda atención psicológica.

Del instituto al TRAM

La tarde del 18 de noviembre, la joven se encontraba en el cambio de clase de las 15:30. Cursa 3.º de ESO y tenía que trasladarse de un aula a otra.

Aprovechó el descanso para ir con su amiga a beber agua a los baños cercanos. Allí se cruzaron con dos chicos a los que conocían desde hace años y con quienes, asegura, “nunca había tenido problemas”.

Según relata en la denuncia y en conversación con EL ESPAÑOL, uno de los chicos empezó a “cogerla del cuello”, primero “como de broma”, pero enseguida la situación se tornó violenta.

Los chicos escupieron hacia ambas niñas; a su amiga no la alcanzaron, pero a Alba sí. Ella intentó salir del baño, pero no pudo porque ellos bloquearon la puerta entre risas y empujones.

“Todo empezó en el pasillo. No entendimos nada porque siempre nos hemos llevado bien con ellos”, asegura la amiga de la víctima a este medio. El pasillo estaba lleno de alumnos y nadie intervino.

Cuando por fin logró zafarse, la joven volvió hacia su aula. Uno de los chicos la siguió hasta dentro y volvió a agarrarla del cuello por la espalda, en un gesto que ella describe como “sofocante”. En ese momento no se avisó a la familia ni se activó ningún protocolo visible. La jornada continuó con normalidad.

La agresión en la calle

A la salida, la violencia se intensificó. A las puertas del centro, en el Carrer del Pare Arrupe, donde está la llamada “ola de peatones”, la joven y su amiga esperaban a la hermana de esta apoyadas en un coche. Fue entonces cuando los dos chicos volvieron a acercarse.

Según el acta policial a la que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, uno de ellos le rodeó los hombros con el brazo y apretó. Alba le pidió que parara. Tiró de la manga para soltarse y ambos acabaron en el suelo. El chico la derribó y, cuando ella intentó levantarse, comenzaron a darle patadas mientras se cubría la cabeza.

Le quitaron un zapato, lo escupieron, lo lanzaron de un lado a otro y finalmente lo tiraron debajo de un coche. Después le abrieron la mochila, le quitaron el cargador del móvil y se lo guardaron.

“Aquí había gente y nadie hizo nada. Luego, en la zona de los pinos, no había nadie”, explica la amiga.

Las dos adolescentes caminaron hacia la parada del TRAM de La Goteta. Al atravesar un pequeño parque con pinos, los chicos las siguieron. Cogieron piedras del suelo y, en un momento dado, uno recogió un excremento de perro con un papel y se lo lanzó a Alba a la cara. Ella recuerda que llegó cerca de su boca. Tras varios minutos de humillación y violencia, el otro chico le devolvió el cargador. Después todos se dispersaron.

El parte médico

Al día siguiente, tras contárselo a su madre, la adolescente fue atendida en un centro médico que la derivó al Hospital de San Juan para emitir un parte de lesiones.

En el informe se detalla el lugar de los hechos: “Colegio Calasancio”. En el apartado de daño psíquico, el facultativo marca “Insultos, menosprecios”, “Hacerle sentirse inferior” y “Tirar heces en su rostro”.

El estado emocional se describe como: “Asustada”, “Labilidad emocional”, “Baja autoestima” y “Miedo”.

En la exploración física se señalan dolor a la palpación en la frente y en el costado derecho, un hematoma leve y dolor torácico. La valoración final marca el caso como “grave” y recomienda control del dolor y valoración psicológica.

Contarlo

A pesar de la vergüenza, la adolescente hizo lo que se pide a cualquier alumno: contó lo ocurrido al jefe de estudios, incluso antes de decírselo a su madre.

Según su declaración, el jefe de estudios le respondió que en ese momento no podía atenderla y que hablarían más tarde. Nadie volvió a llamarla ni se contactó con su familia. A ojos de la menor, no se activó ninguna medida para protegerla.

Esa tarde, ya en casa, su madre descubrió el golpe en la cabeza. La niña empezó a relatar lo sucedido poco a poco. La madre llamó al colegio para pedir explicaciones y preparó la visita al médico y la denuncia.

La reacción del centro

Cuando la madre llamó al colegio para hablar con la directora, le dijeron que no podían atenderla debido a la celebración del 75.º aniversario del centro. Aun así, decidió acudir en persona.

En la puerta, una monja le aseguró que no podían recibirla y llegó a advertirle de que llamarían a la policía si no se marchaba. Finalmente, la directora y la orientadora accedieron a reunirse con ellas. Según la madre, la directora afirmó entonces que no sabía nada de lo ocurrido, pese a que su hija lo había contado al jefe de estudios por la mañana.

La denuncia

El 20 de noviembre, la adolescente acudió a dependencias policiales para ampliar su declaración. Describió toda la secuencia del día 18 y detalló que conoce a los presuntos agresores desde hace años y nunca había tenido problemas con ellos.

También dejó constancia de que, tras la denuncia, uno de los chicos le dijo que dijera “que todo era mentira”.

La joven explicó que no duerme bien, tiene pesadillas, no descansa, ha perdido el apetito y se siente insegura al salir de casa. La Policía le informó de que puede solicitar una orden de alejamiento y ella manifestó su deseo de pedirla.

La versión del colegio

EL ESPAÑOL acudió al centro para conocer su versión. La directora, Yolanda Nieto, señaló que la agresión “no ha sido en el centro” y aseguró que ya se ha informado “a las autoridades competentes”.

Evita detallar si hubo una primera parte dentro del colegio, en los baños. Mantiene que la agresión “se produjo fuera”.

Tampoco especifica las sanciones a los alumnos implicados. Sí reconoce que se han aplicado medidas que afectan directamente a la víctima: que no vaya sola al baño y que circule por zonas concretas del colegio. La joven y su madre sienten que estas medidas la aíslan y la señalan.

Entre dos miedos

Hoy, la joven sigue acudiendo al mismo instituto. Los presuntos agresores han sido expulsados temporalmente, pero volverán pronto: “Me han dicho que el lunes ya están aquí”, asegura.

La madre resume: “He tenido que llevarla al médico, poner la denuncia, plantarme en el colegio… y aun así siento que el peso cae sobre ella y no sobre quienes le hicieron esto”.

Siente que lucha en dos frentes: contra quienes agredieron y humillaron a su hija y contra una institución que, según considera, ha reaccionado tarde y priorizando su imagen antes que la seguridad de una alumna de 14 años.

La madre recibió una llamada de la madre de uno de los presuntos agresores disculpándose. “Yo solo quiero que lo que le ha pasado a mi hija no lo viva nunca más ni ella ni otra adolescente. Queremos más empatía y más seguridad”, concluye.

Mientras tanto, la adolescente intenta volver a la normalidad: asistir a clase, hacer deberes, ver a sus amigas. Y lo hace con dos miedos:
el miedo a que los chicos vuelvan a cruzarse con ella en un pasillo y el miedo a que los adultos que deberían protegerla sigan discutiendo no ya la gravedad de lo que sucedió, sino incluso dónde empezó.

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Escrito por Veronica Gómez

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