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Las estancias temporales en residencias para personas mayores se han convertido en uno de los recursos asistenciales con mayor demanda durante el verano. Las vacaciones, los desplazamientos y la necesidad de reorganizar los cuidados llevan cada año a miles de familias a buscar una alternativa que garantice el bienestar de sus seres queridos cuando ya no pueden permanecer solos en casa.
En muchos casos, lo que comienza como una solución para cubrir unas semanas termina convirtiéndose en una decisión permanente. Así ocurrió con Inés R., quien relata que su madre ingresó inicialmente durante el verano porque no podía quedarse sola mientras la familia estaba fuera. Aunque al principio rechazaba la idea de vivir en una residencia, con el paso de las semanas comenzó a participar en actividades, hizo nuevas amistades y recuperó la ilusión por su rutina diaria. Finalmente, fue ella quien decidió permanecer en el centro.
Este fenómeno refleja una realidad cada vez más frecuente en España. Según datos del Imserso, el país supera los diez millones de personas mayores de 65 años, mientras que el Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que más de dos millones viven solos, una cifra que aumenta especialmente entre quienes tienen más de 85 años.
La Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE) indica que una de cada cuatro estancias temporales durante el verano responde a la necesidad de ofrecer un respiro a los cuidadores familiares. Además, recuerda que un alto porcentaje de los cuidadores no profesionales presenta síntomas de sobrecarga física y emocional, lo que también repercute en la calidad de la atención que reciben las personas mayores.
Los especialistas coinciden en que el ingreso en una residencia ya no debe entenderse como una ruptura familiar, sino como una forma de complementar los cuidados cuando el entorno doméstico deja de ser suficiente. Mantener las visitas, compartir celebraciones y seguir involucrando a la persona mayor en las decisiones familiares facilita una adaptación positiva.
La experiencia de Manuel Alonso Álvarez es un ejemplo de ello. Tras quedarse viudo y vivir solo durante una década, dos caídas consecutivas hicieron evidente la necesidad de un entorno más seguro. Desde su ingreso ha recuperado movilidad, participa en las actividades del centro y mantiene el contacto constante con su hija y su nieto, con quienes continúa compartiendo reuniones familiares y tradiciones.
Los expertos destacan que conservar esos vínculos resulta clave para evitar el aislamiento y favorecer el bienestar emocional. En un país con una población cada vez más envejecida, consideran que el gran desafío no consiste únicamente en ofrecer buenos cuidados, sino también en lograr que las personas mayores sigan sintiéndose parte activa de su familia y de su entorno.
Una familia visita a un residente y comparte tiempo con él.
Los especialistas consideran que mantener el contacto familiar favorece la adaptación y el bienestar de las personas mayores.
Las estancias temporales en residencias aumentan durante el verano y se consolidan como un apoyo para las familias y el bienestar de las personas mayores.
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Escrito por Veronica Gómez
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