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El Baskonia firmó la hazaña más difícil: derrotar al Real Madrid en la final y levantar la Copa del Rey 17 años después. Un último cuarto brillante del conjunto vitoriano terminó por desactivar las opciones blancas y selló un 89-100 que ya forma parte de la historia del club.

Paolo Galbiati ha transformado al equipo en pocos meses. De las dudas iniciales a un bloque reconocible, valiente y sin complejos ante los gigantes. Sin pívot puro tras la lesión de Diop y sin su capitán Tadas Sedekerskis, el técnico italiano ha construido un grupo competitivo basado en el ritmo, la confianza y el orgullo.
Trent Forrest fue el motor incansable durante todo el torneo, rozando el triple-doble en la final (22 puntos, 9 rebotes y 11 asistencias). Luwawu-Cabarrot, con 28 puntos, confirmó su condición de referencia ofensiva en Europa. Y nombres como Diakite u Omoruyi dieron un paso al frente cuando más lo necesitaban.
El título devuelve a Baskonia a la élite nacional, demostrando que, más allá de los grandes presupuestos, la identidad competitiva sigue intacta en Vitoria.
El Madrid arrancó con autoridad. Tras el aviso de semifinales, los de Sergio Scariolo salieron con un parcial de 13-2 liderado por Walter Tavares. Sin embargo, la entrada de Omoruyi y Luwawu cambió el ritmo del partido. Baskonia igualó el choque antes del final del primer cuarto (26-26).
En el segundo periodo, Facundo Campazzo marcó el tempo, pero fue Andrés Feliz quien sostuvo la ventaja blanca con 12 puntos antes del descanso (52-47). Aun así, Luwawu mantenía con vida a los vitorianos con 17 tantos al intermedio.
El tercer cuarto mantuvo la tensión. Hezonja y Garuba ampliaron diferencias (72-64), pero Baskonia resistía gracias a su carácter competitivo. Luwawu, ya con 25 puntos, ajustó el marcador antes del último acto.
Los seis minutos finales fueron un intercambio constante. Tres triples casi consecutivos de Diakite y Omoruyi colocaron el empate (79-79, m.35). A partir de ahí, el partido entró en territorio emocional.
La quinta falta de Luwawu obligó a Markus Howard y Forrest a asumir galones. Una bombita del primero y un 2+1 del segundo pusieron el 86-90 a falta de dos minutos. Howard amplió desde el tiro libre y, pese al intento final de Hezonja (89-92), la pizarra de Galbiati decidió la final: puerta atrás para Howard culminada con bandeja y sentencia moral (89-94).
Diakité, como ya hiciera en semifinales, cerró el encuentro con sangre fría. Kurucs y Forrest rubricaron el 89-100 definitivo.
Diecisiete años después, Baskonia vuelve a celebrar una Copa del Rey. Más allá del trofeo, el triunfo simboliza la resurrección de un proyecto que parecía tocado y que hoy vuelve a ilusionar a su afición.
Galbiati ha cambiado la narrativa: de la duda a la convicción. Y Baskonia, fiel a su historia, vuelve a demostrar que nunca se le puede dar por muerto.
Escrito por Veronica Gómez
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