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La presencia de aflatoxinas en la alimentación del ganado ha generado preocupación entre los ganaderos gallegos, especialmente en las explotaciones de vacuno de leche.
La posible contaminación de los piensos plantea interrogantes sobre los controles sanitarios, la trazabilidad de las materias primas y las consecuencias económicas para los productores afectados.
Durante las últimas semanas, se han comunicado casos de detección de aflatoxina M1 en leche, así como interrupciones en la recogida de determinadas producciones.
La situación ha reabierto el debate sobre la necesidad de reforzar los mecanismos de vigilancia y garantizar que los alimentos destinados a los animales cumplan los requisitos de seguridad establecidos.

Las aflatoxinas son sustancias tóxicas producidas por determinados hongos que pueden desarrollarse en productos agrícolas como el maíz y otros cereales, especialmente cuando las condiciones de humedad y almacenamiento favorecen su crecimiento.
Una de las principales preocupaciones para las explotaciones lecheras es la aflatoxina B1, que puede estar presente en las materias primas utilizadas para fabricar piensos.
Cuando una vaca ingiere alimentos contaminados, su organismo puede transformar parte de esa sustancia en aflatoxina M1, que posteriormente puede pasar a la leche.
Por este motivo, la contaminación de los piensos no afecta únicamente a la alimentación del ganado, sino que también puede comprometer la seguridad de los productos destinados al consumo humano.
La normativa europea establece límites máximos para controlar la presencia de estas sustancias tanto en la alimentación animal como en la leche.
En los piensos completos destinados a animales productores de leche, el límite de aflatoxina B1 es de 0,005 miligramos por kilogramo. En la leche, el contenido máximo permitido de aflatoxina M1 es de 0,050 microgramos por kilogramo.
Cuando se detectan niveles superiores a los establecidos, es necesario investigar el origen de la contaminación y aplicar las medidas correspondientes para evitar que los productos afectados lleguen al consumidor.
Una de las principales inquietudes del sector es conocer el origen exacto de la contaminación y determinar en qué momento pudo introducirse en la cadena de alimentación animal.
Los productores necesitan disponer de información sobre la procedencia de los piensos, los lotes utilizados, las materias primas empleadas en su fabricación y los controles realizados antes de su distribución.
La trazabilidad resulta fundamental para identificar los posibles focos de contaminación y determinar qué explotaciones podrían haberse visto afectadas.
Además, cuando una granja se enfrenta a la paralización de la recogida de leche, las consecuencias económicas pueden ser importantes. Los gastos de alimentación del ganado, el mantenimiento de las instalaciones, los salarios y otros costes de producción continúan acumulándose, aunque la explotación no pueda comercializar temporalmente su leche.
Galicia dispone de sistemas de control de materias primas destinadas a la alimentación animal. Entre ellos se encuentra el programa GALIS, impulsado por la Asociación Gallega de Fabricantes de Alimentos Compuestos, que contempla controles y análisis para detectar determinadas micotoxinas.
También se ha anunciado la colaboración entre la Xunta y el Laboratorio Interprofesional Galego de Análise do Leite (LIGAL) para realizar un seguimiento de las aflatoxinas en la leche, los piensos y las materias primas.
Estos mecanismos permiten mejorar la detección de posibles contaminaciones y facilitar las investigaciones cuando aparecen resultados que requieren nuevas comprobaciones.
Sin embargo, el sector insiste en la importancia de que los controles vayan acompañados de información rápida, coordinación entre los operadores y procedimientos claros para identificar el origen de cada incidencia.
Determinar la procedencia de las aflatoxinas exige analizar las muestras y reconstruir el recorrido de los alimentos utilizados en las explotaciones.
La contaminación podría estar relacionada con una materia prima concreta, un lote de pienso o las condiciones de almacenamiento, entre otras posibilidades. Por ello, no es posible atribuir responsabilidades a un proveedor determinado sin disponer de pruebas suficientes.
Las investigaciones deben permitir identificar los lotes afectados, comprobar su distribución y establecer qué medidas son necesarias para proteger tanto a los animales como a los consumidores.
En este contexto, las reclamaciones de los ganaderos se centran en disponer de mecanismos eficaces para conocer el origen del problema y evitar que las consecuencias económicas recaigan exclusivamente sobre las explotaciones.
La preocupación por las aflatoxinas también ha reavivado las discusiones sobre las importaciones de materias primas y las garantías sanitarias exigidas a los productos que entran en el mercado europeo.
Algunas organizaciones agrarias reclaman controles rigurosos y condiciones equivalentes de seguridad para todas las materias primas utilizadas en la producción de alimentos.
No obstante, por el momento, no existen pruebas suficientes para afirmar que los episodios de contaminación detectados en Galicia estén relacionados con las importaciones procedentes de Mercosur. Establecer esa relación requeriría información verificable sobre el origen de los lotes afectados y los resultados de las investigaciones.
La situación vuelve a poner de manifiesto la importancia de reforzar la vigilancia en toda la cadena alimentaria, desde la recepción de las materias primas hasta la producción y recogida de la leche.
Los ganaderos necesitan conocer con rapidez los resultados de los análisis, recibir información sobre los posibles riesgos y contar con procedimientos que permitan identificar y retirar los productos contaminados cuando sea necesario.
La transparencia también resulta esencial para determinar responsabilidades y evitar que las explotaciones afectadas tengan que afrontar durante semanas las consecuencias de un problema cuyo origen desconocen.
El objetivo debe ser garantizar la seguridad alimentaria, proteger la salud pública y ofrecer certidumbre a un sector fundamental para la economía rural gallega.
La investigación del origen de las contaminaciones y la eficacia de los controles serán determinantes para aclarar lo sucedido y recuperar la confianza de los productores.
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Escrito por Veronica Gómez
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