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Atada y con múltiples fracturas: las pruebas desmontan la versión de los sospechosos en el caso de Francisca Cadenas.

today19 de marzo de 2026 35

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Atada y con múltiples fracturas: las pruebas desmontan la versión de los sospechosos en el caso de Francisca Cadenas.

Julián González trata de desvincular a su hermano Manuel, aunque los investigadores sostienen que ambos habrían intervenido en el crimen
La familia de la víctima denuncia posibles irregularidades en la actuación inicial de la Guardia Civil

Francisca cadenas

Nueve años después de su desaparición, el caso de Francisca Cadenas avanza hacia su resolución. Para sus allegados, que siempre rechazaron la hipótesis de una marcha voluntaria, las nuevas evidencias y la confesión parcial de los hermanos González representan un avance significativo, aunque persisten dudas esenciales, sobre todo en lo relativo al grado de implicación de cada detenido y a las circunstancias precisas del fallecimiento.

Uno de los arrestados, Julián González, ha admitido ante el juez su participación directa en los hechos, al tiempo que intenta eximir a su hermano Manuel. Sin embargo, tanto los investigadores como el magistrado consideran que los dos podrían haber tomado parte en el crimen.

La autopsia contradice el relato inicial
El informe preliminar forense aporta datos que refutan la versión ofrecida por Julián González. Los especialistas han detectado diversas lesiones: fracturas en el cráneo, las costillas y el hueso hioides, lo que apunta no solo a una agresión violenta, sino también a un posible episodio de asfixia. Esto cuestiona la hipótesis de una muerte inmediata y sin sufrimiento.

Asimismo, el cadáver fue encontrado en condiciones que reflejan una situación de extrema indefensión: sin ropa de cintura para abajo, atado con bridas y amordazado. Dichas bridas fueron localizadas posteriormente por la Unidad Central Operativa (UCO) en la vivienda de los hermanos González.

Según su declaración judicial, Julián explicó que Francisca regresaba a su casa cuando vio la puerta entreabierta de la suya y se acercó para preguntar por su tío. En ese momento, asegura, lo sorprendió consumiendo cocaína, lo que habría provocado una reacción violenta. En un arrebato, afirma, la agredió hasta causarle la muerte. Durante su comparecencia, el detenido se limitó en gran medida a responder con monosílabos —principalmente “sí”— a las preguntas de su abogado, quien dirigió su declaración.

Por su parte, Manuel González se acogió a su derecho a no declarar, respondiendo únicamente a una cuestión para negar cualquier implicación en los hechos. Esta postura contrasta con la línea de investigación de la Guardia Civil, que apunta a la participación de ambos.

Dudas sobre la investigación inicial
La familia de la víctima ha señalado posibles fallos en las primeras actuaciones de la Guardia Civil. La noche de la desaparición, los agentes accedieron a la vivienda —sin orden judicial pero con el consentimiento de los hermanos— sin llevar a cabo una inspección exhaustiva.

Según ha trascendido, no revisaron un bulto visible sobre una cama en una de las habitaciones, al aceptar la explicación de que el tío estaba durmiendo. Tampoco inspeccionaron otra estancia que los hermanos describieron como un lugar lleno de objetos. Estas omisiones han sido posteriormente consideradas puntos críticos en el desarrollo de la investigación.

La reactivación efectiva del caso llegó con la intervención de la UCO, que reexaminó las diligencias y detectó contradicciones. A ello se sumó el testimonio de una vecina colindante, que aseguró haber escuchado ruidos extraños dos días después de la desaparición.

El análisis de conducta delictiva de la Guardia Civil también resultó clave: los expertos concluyeron que el autor o autores debían pertenecer al entorno más cercano, acotando el área a unos 30 metros, lo que reforzó las sospechas sobre Julián y Manuel.

Eliminación de pruebas
Otro elemento relevante es que ambos hermanos destruyeron sus teléfonos móviles y se deshicieron de ellos al ser citados como investigados. No obstante, la UCO logró recuperarlos al mantenerlos bajo vigilancia. En la actualidad, los agentes trabajan en reconstruir la información de esos dispositivos, así como en analizar los nuevos terminales utilizados por los detenidos.

 

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Ambos permanecen en prisión provisional, en módulos de aislamiento y bajo protocolo de prevención de suicidios, una medida habitual durante los primeros días de ingreso en prisión.

Escrito por Veronica Gómez

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