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Olivia Rodrigo cumple el sueño adolescente con una vibrante actuación de pop rock en Madrid

today21 de junio de 2024 20

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Olivia Rodrigo cumple el sueño adolescente con una vibrante actuación de pop rock en Madrid.

Con 22 canciones, 95 minutos de concierto y una divertida puesta en escena, Olivia Rodrigo hizo realidad el sueño de 17,000 adolescentes en el WiZink Center de Madrid. La joven estrella del pop rock, una de las artistas que más discos vende de la década, ofreció un espectáculo inolvidable.

Olivia rodrigo

Con solo dos álbumes en el mercado, Olivia Rodrigo se ha consolidado este jueves en el WiZink Center de Madrid como una de las estrellas de rock más prometedoras de la década. Su gira GUTS, compuesta por 91 conciertos, llegó a la capital tras deslumbrar en el Palau Sant Jordi de Barcelona hace dos días.

La que en su día fue una niña Disney ahora se presenta como una adolescente rockera que ha logrado redefinir su pasado. Existen casos de éxito similares, como los de Miley Cyrus o Selena Gomez, pero Olivia destaca no solo como figura pública, sino como la sofisticada compositora en la que se ha convertido, respaldada por tres Premios Grammy.

En el público, tanto en pista como en grada, la media de edad no superaba los 25 años. Un indicador de lo joven que era la audiencia es que Los Torreznos, el bar de referencia para las previas de los conciertos en el antiguo Palacio de los Deportes, estaba sorprendentemente despejado minutos antes del espectáculo, cuando generalmente está abarrotado.

El show comenzó con puntualidad británica, a pesar de que Olivia nació en California. Las luces se apagaron y en la pantalla se proyectó un video de la cantante corriendo por los entresijos del escenario, para luego aparecer sobre la tarima como la líder de miles de fans que gritaban en estado de éxtasis. Hacía tiempo que el suelo del WiZink no temblaba de esa manera.

Empezó con “bad idea, right?”, una canción que habla de que quizá “no es una buena idea verte esta noche”. Pero sí, fue una excelente idea asistir al concierto, porque el público se dejó la voz en cada repetición de la pregunta.

La producción que presentó es la típica de cualquier artista pop: ocho bailarinas, cuatro cambios de vestuario, una banda exclusivamente femenina y una luna en cuarto creciente sobre la que cantó las baladas más lentas. El escenario no era inmenso, pero Olivia lo llenó moviéndose por las dos pasarelas que la acercaban a sus fans. “Quiero que bailéis”, les dijo, divertida y feliz.

 

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Sigue con “Ballad of a Homeschooled Girl”, que presenta una puesta en escena simple pero rockera, intensificada rápidamente por el griterío del público al escuchar las primeras notas de “Vampire”, el buque insignia de su segundo álbum, GUTS.

Continúa con la vengativa pero melancólica “traitor”, que el público canta a pleno pulmón, para luego erizar la piel con “Drivers License”. La interpreta sentada en un piano rodeado de humo y luces rojas que evocan los semáforos de esos suburbios por los que Olivia conducía, imaginando que su amor sería eterno. Sublime y sencillamente emotiva, recrea una escena que todos hemos vivido alguna vez.

Esa es la clave de su fidelidad en cada esquina y de que su música se haya vuelto global en menos de tres años. La conexión emocional que logra con sus letras, muchas llenas de rabia y desconsuelo, explica los alaridos, sollozos y nervios de las seguidoras que no podían contenerse. La excitación era palpable.

Imágenes caseras de la infancia de Olivia se proyectan en pantalla mientras suena “Teenage Dream”, seguidas por una de las coreografías más bonitas del set durante “Pretty Isn’t Pretty”. Sus bailarinas la rodean y la iluminan con espejos antes de una pequeña pausa para ascender a la luna que la hace sobrevolar el WiZink.

Subida al astro iluminado y rodeada de resplandecientes estrellas, Olivia saluda a la multitud mientras canta “Logical” y “Enough For You” desde los cielos. Los fans no dejan de corear su nombre: “¡Olivia, Olivia!”, gritan, seguidos por un sorprendente “¡guapa, guapa, y guapa, y reina, reina, reina!”. Los gritos eran tan ensordecedores que en ocasiones no se escuchaba su voz, pero durante la balada “Lazy”, cantada solitaria sobre una plataforma elevada, su voz se impuso.

Llega el momento de conectar con los fans. Se asoma al borde de la tarima y recibe camisetas con la bandera española, una muñeca que la representa, peluches… Les enfoca con la cámara y sus rostros felices llenan la pantalla gigante. El momento se vuelve un poco ‘naif’, pero se compensa con el siguiente dúo de temas, “Happier” y “Favorite Crime”, que interpreta junto a una de sus guitarristas, sentada y tranquila en uno de los extremos de la pasarela. “Tengo que venir a Madrid más a menudo”, dice, después de asegurar que ha probado la paella y agradecer la entrega de sus fans.

Antes de que vuelvan las guitarras, hay un momento especial para “Deja Vu”, con todo el estadio aullando ese ‘uuhh uuhh’ tan irresistible. El estruendo aparece de nuevo con el número más heavy, con visuales de fuego para cantar “Brutal” y “American Bitch”, que de repente se transforma en “Spanish Bitch” con el público totalmente volcado en Olivia. Sus pasos de baile han sido sencillos y firmes durante todo el show, pero lo que mejor se le da es saltar, hacer muecas y dar patadas en los momentos más punk, como “Obsessed” y “Good 4 U”, que llegan como preludio del colofón final.

Termina con “Get Him Back” y los cañones sueltan kilos de confeti que caen sobre las miles de cabezas que mañana recordarán el concierto con una gran sonrisa. La sacudida ha llegado a su fin, pero podemos jurar que habrá resaca emocional, afonía a raudales y esa reconfortante sensación de haber vivido algo único.

Escrito por Veronica Gómez

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