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El Nobel de Medicina 2026 premia un avance revolucionario que podría devolver la vista a millones Veronica Gómez
Los equipos de rescate de Nepal y China han retomado las operaciones de búsqueda después de que una riada devastadora golpeara la zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet. El desastre ha dejado al menos 584 fallecidos y cerca de 2.500 personas desaparecidas, según los últimos balances disponibles.
La tragedia comenzó el miércoles 26 de agosto tras un fenómeno relacionado con el colapso de un glaciar que provocó una enorme avalancha de agua, barro y rocas. La fuerza de la corriente arrasó viviendas, carreteras, puentes e importantes infraestructuras en ambos lados de la frontera.
Las autoridades chinas habían suspendido temporalmente las operaciones de rescate debido al riesgo provocado por una acumulación de agua y materiales que formó una especie de presa natural. El temor era que un nuevo desbordamiento pudiera desencadenar otra riada y poner en peligro a los propios equipos de emergencia.
Tras comprobar que la situación del lago formado por los sedimentos se había estabilizado, China decidió reanudar las labores de búsqueda. Sin embargo, las autoridades mantienen la vigilancia ante la posibilidad de nuevas crecidas.
La cifra de desaparecidos ha aumentado considerablemente durante las últimas horas debido a la incorporación de nuevos datos procedentes de las zonas afectadas. En Nepal se contabilizan 1.924 personas en paradero desconocido, entre ellas trabajadores de instalaciones hidroeléctricas, turistas y ciudadanos locales.
En el lado tibetano, las autoridades chinas han informado también de centenares de desaparecidos. La suma de ambos balances supera las 2.400 personas, aunque las cifras continúan cambiando a medida que los equipos acceden a zonas que permanecían incomunicadas.
La riada provocó daños enormes en el distrito nepalí de Rasuwa y en la región tibetana de Gyirong. El agua arrastró vehículos, viviendas y estructuras enteras, además de destruir carreteras y puentes fundamentales para las comunicaciones.
Uno de los puntos más afectados fue el paso fronterizo de Gyirong, una infraestructura estratégica para el comercio y el tránsito entre China y Nepal. Las imágenes muestran un paisaje cubierto de barro y escombros donde resulta difícil reconocer algunas de las instalaciones que existían antes de la catástrofe.
Los rescatistas continúan trabajando en condiciones extremadamente complicadas. El barro acumulado y la destrucción de las vías de comunicación dificultan el acceso a numerosas comunidades, mientras los helicópteros se han convertido en una herramienta esencial para evacuar a personas atrapadas o trasladar suministros.
En Nepal, miles de efectivos del Ejército y de las fuerzas de seguridad participan en las operaciones. Hasta ahora, varios miles de personas han podido ser rescatadas, aunque todavía existen zonas a las que los equipos no han podido acceder completamente.
La emergencia continúa porque la formación de lagos y acumulaciones de agua en zonas montañosas mantiene el riesgo de nuevas inundaciones. Las autoridades de Nepal y China vigilan especialmente aquellas áreas donde los desprendimientos han bloqueado cursos fluviales.
Los expertos temen que una ruptura repentina de alguna de estas barreras naturales pueda liberar grandes cantidades de agua y provocar nuevos daños en los valles situados aguas abajo. Por ello, las labores de rescate deben desarrollarse con especial precaución.
El Gobierno nepalí ha señalado que sus propios equipos están llevando a cabo las operaciones de búsqueda y rescate, aunque ha solicitado apoyo internacional especializado para determinadas tareas. Entre las necesidades se encuentran la recuperación de personas atrapadas, la reconstrucción de las comunicaciones y la identificación de los fallecidos.
Nepal también ha solicitado a India y China la entrega de puentes portátiles para recuperar las conexiones terrestres destruidas por las aguas. La pérdida de numerosos puentes ha dejado aisladas varias zonas y dificulta enormemente el traslado de ayuda.
La magnitud de la catástrofe ha provocado una emergencia humanitaria de enormes dimensiones. Organizaciones internacionales calculan que más de 90.000 personas se han visto afectadas por las inundaciones y necesitan alimentos, agua, asistencia médica y otros recursos básicos.
La destrucción de viviendas e infraestructuras ha dejado además a numerosas comunidades en una situación de extrema vulnerabilidad. La prioridad inmediata continúa siendo localizar supervivientes y garantizar el acceso a las zonas más aisladas.
Mientras continúan las labores de rescate, las autoridades siguen actualizando el balance de víctimas. La combinación de miles de desaparecidos, zonas todavía inaccesibles y el riesgo de nuevas riadas hace prever que la magnitud definitiva de la tragedia pueda tardar en conocerse.
Nepal y China mantienen desplegados sus equipos de emergencia para localizar a quienes continúan desaparecidos y atender a los supervivientes. La prioridad ahora es avanzar contra el reloj en una de las mayores catástrofes registradas recientemente en la región del Himalaya.
Escrito por Veronica Gómez
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