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Las principales compañías aéreas piden a la Comisión Europea que no extienda el sistema de comercio de emisiones a los vuelos internacionales y alertan de un posible aumento de costes para viajeros y empresas.
Las principales aerolíneas de Europa han trasladado su preocupación a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ante la posibilidad de ampliar el Sistema de Comercio de Emisiones (ETS) a los vuelos internacionales.
En una carta firmada por los máximos responsables de varias compañías del sector, las aerolíneas alertan de que esta medida podría incrementar significativamente sus costes operativos y acabar repercutiendo en el precio final de los billetes de avión.
El ETS obliga actualmente a las aerolíneas a compensar económicamente las emisiones contaminantes generadas en vuelos dentro del espacio comunitario. Sin embargo, la Unión Europea estudia extender este mecanismo a las rutas internacionales.
Las compañías consideran que esta ampliación podría generar una importante desventaja competitiva frente a aerolíneas y aeropuertos ubicados fuera de la Unión Europea, provocando una distorsión del mercado internacional del transporte aéreo.
Entre los firmantes de la carta figuran directivos de grandes grupos como Lufthansa, Air France-KLM, Volotea, International Airlines Group —matriz de Iberia— y Ryanair.
Las empresas aseguran que el sector atraviesa un momento especialmente delicado debido al impacto económico derivado del conflicto en Oriente Medio y al encarecimiento del combustible.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo ha revisado a la baja sus previsiones para el sector y estima que los beneficios netos de las aerolíneas se reducirán prácticamente a la mitad durante 2026.
Según sus cálculos, las ganancias pasarán de unos 36.000 millones de euros registrados en 2025 a cerca de 20.000 millones en 2026. Además, el margen de beneficio descenderá del 4,2% al 2%.
La organización también prevé una reducción significativa de la rentabilidad por pasajero, que pasará de 7,9 euros a apenas 3,9 euros por viajero transportado.
Uno de los principales factores que explican este deterioro económico es la subida del precio de la energía provocada por la inestabilidad geopolítica.
El informe de la IATA calcula que los costes asociados al combustible aumentarán cerca de un 40% durante 2026, alcanzando los 304.000 millones de euros. Esta previsión se basa en un precio medio estimado del barril de petróleo Brent de 95 dólares.
Aunque muchas compañías han asegurado parte de sus necesidades energéticas mediante coberturas financieras, la asociación advierte de que esta estrategia solo reduce parcialmente el impacto de futuras subidas prolongadas.
Además, el uso creciente de combustible sostenible para aviación (SAF) seguirá suponiendo un coste adicional para el sector, con un gasto estimado superior a los 3.700 millones de euros durante el próximo año.
Pese al complicado contexto, las perspectivas de demanda continúan siendo positivas.
La IATA estima que los ingresos globales de las aerolíneas superarán el billón de euros en 2026, lo que representaría un crecimiento cercano al 10% respecto al año anterior.
También se espera que el tráfico aéreo siga aumentando, con más de 5.100 millones de pasajeros transportados en todo el mundo, mientras que el volumen de carga se mantendrá estable por encima de los 71 millones de toneladas.
Los expertos del sector consideran que las aerolíneas de bajo coste serán las más vulnerables a este escenario de incremento de gastos operativos.
La combinación de combustible más caro, mayores exigencias medioambientales y márgenes cada vez más reducidos podría acelerar procesos de concentración empresarial mediante fusiones o adquisiciones.
Como consecuencia, algunas compañías podrían verse obligadas a trasladar parte de estos costes a los consumidores mediante tarifas más elevadas.
Por su parte, el ministro de Transportes, Óscar Puente, ha transmitido un mensaje de tranquilidad respecto al abastecimiento de combustible para la aviación en España.
Según explicó, las aerolíneas han comunicado al Gobierno que no prevén dificultades de suministro de queroseno durante la temporada estival, gracias a la capacidad de producción de las refinerías nacionales.
No obstante, el ministro reconoció que la evolución del conflicto en Oriente Medio podría tener consecuencias sobre los precios del combustible y, en consecuencia, sobre el coste de los viajes aéreos.
Aun así, insistió en que actualmente no existen señales de alarma en el transporte aéreo español y que el sector mantiene una situación de normalidad operativa de cara al verano.
Escrito por Veronica Gómez
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