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La junta militar decreta un toque de queda de tres días en la capital, Bamako, tras la ofensiva armada.
El conflicto en Mali se remonta a 2012, cuando el MNLA inició una ofensiva para reclamar la independencia del norte con apoyo yihadista.

El ministro de Defensa de Mali, Sadio Camara, ha fallecido este sábado durante un atentado ejecutado por el Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes (JNIM), vinculado a Al Qaeda en el Sahel, contra su residencia situada en las inmediaciones de la principal base militar de Bamako, la capital del país.
De acuerdo con un comunicado oficial del Ejecutivo maliense, los atacantes hicieron estallar un coche bomba conducido por un suicida frente a la vivienda de Camara, ubicada en Kati, en la periferia de Bamako, y posteriormente desataron un intenso tiroteo. El general logró responder al asalto, abatió a varios agresores y sufrió heridas de extrema gravedad antes de morir en el hospital.
La detonación provocó el derrumbe de su vivienda, causando más víctimas mortales y destruyendo una mezquita cercana, donde también fallecieron varios fieles. Según fuentes militares y familiares citadas por EFE, tres miembros de la familia del ministro también perdieron la vida.
El ataque en Kati forma parte de una nueva ofensiva lanzada contra el Gobierno de Mali por el Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) junto a la filial saheliana de Al Qaeda, reproduciendo la alianza estratégica que ya desestabilizó al país en 2012 y facilitó la ocupación del norte por parte de los rebeldes.
Por orden del líder de la junta militar, Assimi Goita, Sadio Camara recibirá funerales de Estado. Además, el Ejecutivo ha decretado dos días de luto nacional a partir de este lunes.
Este sábado, el Frente de Liberación de Azawad (FLA), grupo secesionista que reclama la independencia de la región septentrional, y el JNIM lanzaron una ofensiva coordinada en el norte del país que culminó con la toma de la estratégica ciudad de Kidal.
El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas malienses informó de que “grupos armados terroristas” atacaron varias ciudades, aunque aseguró haber frenado su avance y sostuvo que la situación está “totalmente bajo control”. Asimismo, decretó un toque de queda de tres días en el distrito de Bamako y reforzó las medidas de seguridad.
Según un analista maliense consultado por EFE bajo condición de anonimato, esta ofensiva evidencia que el conflicto ha evolucionado hacia una amenaza más organizada y centralizada contra la junta militar, al combinar la capacidad guerrillera de los secesionistas con la logística y despliegue territorial de los grupos yihadistas.
“El ataque está inspirado en el caso de Siria, donde a finales de 2024 grupos islamistas y rebeldes lograron derrocar rápidamente al régimen con apoyo occidental y la neutralidad de Rusia. El futuro de Mali está abierto a múltiples escenarios y dependerá de la postura de las potencias internacionales”, señaló.
La crisis en Mali se originó en enero de 2012, cuando el MNLA inició una ofensiva con apoyo yihadista y tomó ciudades clave del norte como Kidal, Gao y Tombuctú. La incapacidad del entonces presidente Amadou Traoré para contener a la alianza rebelde provocó un golpe de Estado el 21 de marzo de 2012.
Poco después, el 6 de abril, el MNLA proclamó de forma unilateral la independencia del Azawad, una extensa zona desértica que ocupa casi dos tercios del territorio maliense.
En un primer momento, los secesionistas colaboraron con grupos yihadistas como Ansar Dine, liderado por Iyad ag Ghali, actual jefe del JNIM. En mayo de 2012 firmaron un acuerdo para crear la República Islámica del Azawad, pero tres meses después los yihadistas impusieron la sharía y desplazaron del poder al MNLA.
Tras la intervención militar francesa de 2013, conocida como Operación Serval, que expulsó a los yihadistas de las principales ciudades del norte, los independentistas recuperaron el control de varias zonas y firmaron en 2015 un acuerdo de paz con el Gobierno mediado por Argelia.
El acuerdo de paz contemplaba que Azawad continuara formando parte de Mali, a cambio de mayores competencias autonómicas y soluciones socioeconómicas para combatir la marginación histórica de la región. Sin embargo, este pacto ha sido incumplido de forma reiterada.
Entre 2020 y 2021, Mali vivió dos golpes de Estado que llevaron al poder a la actual junta militar, la cual se distanció de Occidente y estrechó lazos con Rusia, mientras grupos como el JNIM y el Estado Islámico (EI) ampliaban su presencia en gran parte del país.
Tras la retirada de las fuerzas occidentales en los últimos años, solicitada por la junta militar, Rusia incrementó su implicación en la lucha contra el terrorismo en Mali primero mediante el grupo de mercenarios Wagner y después a través del Africa Corps, una fuerza paramilitar vinculada al Ministerio de Defensa ruso.
Tanto el FLA como el JNIM han pedido a Moscú, tras esta ofensiva —condenada por Estados Unidos y también por Rusia—, que reconsidere su respaldo a Bamako.
Escrito por Veronica Gómez
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