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El curling en España atraviesa uno de los mejores momentos deportivos de su historia, pero sigue enfrentándose a un problema estructural: la falta de instalaciones propias. Con 16 clubes repartidos en ocho comunidades autónomas y ningún recinto exclusivo para esta disciplina, el deporte busca capitalizar el impacto mediático de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026 para consolidar su crecimiento.

Mientras el equipo mixto compite en la élite mundial y la selección masculina acaba de ascender a la primera división europea, el gran desafío pasa por aumentar el número de practicantes y contar, al menos, con una pista específica para curling en territorio nacional.
Actualmente, la Federación Española de Deportes de Hielo (RFEDH) tiene inscritos 16 clubes de curling:
Entre ellos, destaca el Club Hielo Txuri-Berri de San Sebastián, dominador en los últimos años y vigente campeón de España tanto en categoría masculina como femenina.
La pista de Jaca es considerada la más adecuada para entrenar, ya que recibe un tratamiento del hielo más apropiado para el curling —incluyendo el característico pebble, inexistente en hockey o patinaje artístico—. Durante varios meses al año, jugadores de distintos puntos del país se concentran allí para preparar competiciones.
Tras la reestructuración del sistema competitivo impulsada por la World Curling, las selecciones españolas están logrando resultados sin precedentes:
Además, el nivel en categoría junior continúa creciendo gracias a las jornadas de tecnificación sub-21 organizadas en Jaca por la RFEDH, donde los clubes envían a sus jóvenes talentos.
Una de las singularidades del curling español es que las selecciones nacionales no se forman reuniendo a los mejores jugadores por posición, sino que suelen representar al país los integrantes del club más sólido y compenetrado. De ahí que ampliar la base de clubes sea clave para la evolución competitiva.
Pese al buen momento deportivo, el curling español carece de una hoja de ruta clara a largo plazo. Así lo advierten voces autorizadas como Eduardo de Paz, jugador y periodista especializado, quien subraya que los logros actuales responden, sobre todo, al esfuerzo personal de los deportistas.
En España no existen jugadores profesionales y, ante la escasez de ayudas públicas, deben compatibilizar empleo y entrenamientos. La incógnita es evidente: ¿qué ocurrirá cuando esta generación se retire?
La ausencia de pistas exclusivas es el principal obstáculo. Los equipos deben compartir hielo con patinadores y jugadores de hockey, lo que encarece los costes y limita la calidad del entrenamiento. Además, muchos conjuntos se ven obligados a viajar al extranjero —principalmente a Suiza— para preparar competiciones en condiciones óptimas.
Competir al máximo nivel implica una inversión considerable. Sergio Vez, skip del equipo masculino que logró el ascenso europeo, cifra en torno a 7.000 euros el coste de cada torneo internacional.
En total, el presupuesto anual para aspirar a crecer ronda los 40.000 euros, incluyendo desplazamientos y estancias en el extranjero para entrenar. Sin ayudas del Consejo Superior de Deportes y administraciones autonómicas, sería inviable sostener ese esfuerzo.
Disponer de una instalación específica en España reduciría notablemente esos gastos y facilitaría el desarrollo técnico de jugadores, entrenadores y especialistas en el tratamiento del hielo.
El crecimiento del curling pasa inevitablemente por ampliar su base social. Clubes como el B-52 de Madrid organizan cada año jornadas de puertas abiertas en el Palacio de Hielo, que en 2026 han desbordado las solicitudes gracias al efecto olímpico.
Sin embargo, la falta de material y de franjas horarias limita la capacidad de acoger nuevos interesados. Iniciativas similares se desarrollan en otras ciudades como Benalmádena, impulsadas por Los Compadres.
Los propios clubes reconocen que deben intensificar la promoción, pero reclaman mayor respaldo federativo para garantizar espacios y logística adecuados.
Un ejemplo inspirador es Corea del Sur, que pasó de ser irrelevante en el panorama internacional a consolidarse en la élite en menos de una década. El punto de inflexión fue la organización de los Juegos de Invierno de Pyeongchang 2018, que impulsó una fuerte inversión en instalaciones propias, técnicos, árbitros y especialistas en hielo.
En contraste, España destina gran parte de sus recursos a enviar deportistas al extranjero para entrenar.
Existe la percepción de que construir una pista de curling es excesivamente costoso, pero expertos del sector aseguran que no requiere grandes dimensiones ni sistemas de refrigeración complejos, como demuestran países europeos con menos tradición.
El curling en España vive su mejor momento competitivo, pero su futuro depende de aprovechar el tirón mediático de los Juegos Olímpicos, aumentar el número de clubes y lograr, al menos, una instalación exclusiva que sirva como centro de referencia nacional.
Sin infraestructuras y sin un plan estratégico a medio y largo plazo, el crecimiento corre el riesgo de estancarse. Con ellas, el sueño de competir regularmente contra potencias como Suiza o Italia podría dejar de parecer una utopía.
Escrito por Veronica Gómez
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